«De mucho más honor merecedora»

Retomo estas píldoras históricas en mi blog para contarles brevemente sobre mi nuevo libro “De mucho más honor merecedora. Doña Aldonza Manrique, la gobernadora de la isla de las perlas”, publicado por SND editores.

Acaba de salir a la venta y ya se encuentra disponible en librerías, plataformas y en la web de la editorial www.sndeditores.com. Por cierto, hasta el domingo 2 de mayo tienen una oferta de lanzamiento con un 15% de descuento si lo compran en dicha web y ponen el código ARVLANZGOB21 en el proceso de compra.

Lo primero de todo es transmitirles la ilusión que le hace al autor el hecho de que vea la luz su nueva obra, producto de innumerables horas de trabajo, búsqueda de documentos de la época, consulta de bibliografía, redacción y revisión del texto. Tengo la fortuna de contar, además, con una prologuista de primera fila, María José Solano Franco, cofundadora de zendalibros.com y responsable de la editorial Zenda Aventuras.

No les voy a destripar aquí todo el libro, no tendría sentido, pero sí que quiero apuntarles algunas claves fundamentales.

No es una novela, lo que se van a encontrar en este libro es una historia real, de esas sobre las que más me gusta escribir, me refiero a aquellas que mucha gente desconoce y nadie o casi nadie ha llevado al papel hasta la fecha. La Historia de España es inabarcable y en ella abundan episodios y personajes por descubrir y por contar. Lo que yo les relato en el presente libro es uno de estos casos.

Doña Aldonza Manrique o doña Aldonza de Villalobos, como ustedes prefieran, existió, nació en Santo Domingo en 1520, fue gobernadora de la isla Margarita desde que era una niña en tiempos del emperador Carlos y tuvo el mando sobre ese pedacito del Caribe hasta su muerte en 1575, bajo el reinado de Felipe II. Fue, por tanto, la primera gobernadora criolla, española nacida en América, del Nuevo Mundo.

Además, gracias a su tesón, gestiones y peticiones, consiguió del segundo monarca mencionado legar su gobernación a su nieto, Juan Sarmiento de Villandrado, último gobernador de esta saga familiar en la isla y muerto trágicamente en 1593, defendiendo precisamente su ínsula.

Aquel escenario caribeño fue siempre especialmente agitado y complejo. A los indios caribes y otras belicosos que se toparon los españoles en las costas de Tierra Firme y en las islas de su entorno, se unieron muy pronto los amigos de lo ajeno extranjeros en busca de botín, piratas y corsarios franceses, ingleses y holandeses que depredaban por allí con frecuencia para robar y saquear todo cuanto pudieran. El principal imán que les atraía hacia aquellas latitudes era, lógicamente, el que ofrecían las riquezas del Nuevo Mundo, metales preciosos y, en concreto en esta zona, las perlas que se daban en abundancia.

Como no podía ser de otra manera, las perlas están muy presente en el libro, sus métodos de extracción, los esclavos empleados para ello, los “señores de canoas”, el control y valor de las piezas, la legislación de la Corona…, pues aquella fue la primera industria o negocio de aquellas latitudes y lo que motivó en buena media que los españoles, después del tercer periplo colombino, por allí volvieran y se asentaran.

Debo asimismo apuntarles que mi libro tampoco es una biografía sobre doña Aldonza, pues es más lo que aún desconocemos sobre ella que lo que, al menos un servidor, ha podido hallar en su investigación, pero sí que su presencia es preeminente en este libro y arrojo algo de luz sobre su vida y gobierno de la isla Margarita.

Una época de exploraciones y expansión española en el Nuevo Mundo, una mujer muy desconocida, perlas, caribes, esclavos, piratas y corsarios impregnan las páginas de “De mucho más honor merecedora. Doña Aldonza Manrique, la gobernadora de la isla de las perlas”.

Por último, decirles que, sin duda, el título hace justicia a su persona, pues doña Aldonza Manrique merece mucha más atención de la que hasta ahora le hemos prestado. Ya lo apuntó un gran cronista de Indias en aquellos tiempos…

Ahora sólo queda que se animen a leer esta historia.

¡Gracias por su interés y apoyo!

Justicia en las Indias: el español condenado a la horca por matar a una india

Ruinas de León Viejo (Nicaragua).

Quiero narrarles una interesante historia, un pleito judicial que tuvo lugar en la ciudad de León, Nicaragua, en 1541. Es un ejemplo de cómo operaba la justicia en primera instancia en las Indias, ejercida por el cabildo ante las alarmantes noticias llegadas sobre un crimen cometido en su área de jurisdicción. Lo llamativo del caso es que el acusado y finalmente condenado a la horca fue un español por haber quemado y matado a una india, tal y como declararon tres testigos principales de tales hechos, tres indios. El comportamiento del acusado terminó de decantar a las autoridades hacia su condena final.

La justicia, antes y ahora, dista mucho de ser aquella dama con una venda en los ojos y que trata a todos por igual sin tener en cuenta la posición social, económica o su relación con el poder de los demandantes o demandados. Eso es una entelequia ilusa. En el Nuevo Mundo, los indios fueron conociendo y asimilando las instituciones españolas y siendo conscientes de los derechos que les concedía el ser, ellos también, súbditos de la Corona. Esto se vio con especial incidencia en materia judicial, ya que pronto comenzaron a pleitear con insistencia para mejorar sus condiciones laborales, denunciar abusos y maltratos ayudados por clérigos y civiles, y, también, demandaron ante las autoridades a encomenderos por las penosas condiciones laborales que sufrían, la incautación de sus tierras o, posteriormente, para reducir su participación en la mita. Pese a las obvias dificultades que tuvieron para ganar dichos pleitos por el bajo lugar que ocupaban en la sociedad, obtuvieron no pocos éxitos en este sentido.

Pero, el tema es demasiado amplio para lo que me ocupa en este artículo, así que me centraré en contarles como transcurrió este proceso penal, sus inicios y desarrollo hasta llegar a su contundente sentencia final.

El 25 de febrero de 1541, en la ciudad de León (Nicaragua), el alcalde mayor y teniente de gobernador Luis de Guebara tenía noticia de que un tal Andrés Medrano “estanciero de Cristóbal García en Çiguina quemó una india hasta que murió e que el cacique porque le reprehendió le dio de açotes e le echó una soga al pescueço para le ahorcar”. Así, pues, ante la gravedad de dicha información, comienza a tomar declaración a los testigos, comenzando por el cacique agredido, llamado Çital.

Ynesica, india ladina -que domina perfectamente el español- ejercerá de intérprete en el cabildo para los testimonios de varios indios en el proceso. El cacique declara que la india se llamaba Soche y que el citado Medrano la ató y la quemó hasta morir y a él le dio una paliza al reprenderle por su acción.

Dos indios más -Guayanolo y Algad- declaran en este mismo sentido y uno de ellos también lo vio con sus propios ojos. Tres testimonios de indios, dos de ellos testigos y uno que lo sabe de oídas, son lo suficientemente claros y coincidentes para que don Luis de Guebara de orden al alguacil para que vaya a detener al acusado y se le incauten todos sus bienes de manera preventiva.

A los pocos días Andrés Medrano estaba ya preso y con cepo. Se le toma declaración y lo niega todo: “no ató la dicha yndia ni la quemó ni le hizo mal ninguno e que ay quedó en el pueblo cuando este confesante prendieron”. Tras su contundente y exculpatorio testimonio, aparece en escena Pedro Martín Zembrano. Vecino de la ciudad y posiblemente amigo del acusado, se presenta como su fiador, ofrece garantías y pide que se le saque del cepo, pues no va a escapar; él se hará cargo como “carcelero comentariense” de que eso no ocurra y también de ponerle a disposición de la justicia cuando así sea demandado.

Vista dicha garantía, Medrano fue liberado del cepo, pero, pocos días después, sucedió algo que podía ser previsible: huye de la cárcel y desaparece. El alcalde mayor comunica a Pedro Martín Zambrano este hecho y le da tres días, para que, como fiador suyo, le traiga ante la justicia. Al mismo tiempo, emite su primera “carta de crédito”, pregonada en plaza pública para que el fugado regrese en un máximo de nueve días para continuar el proceso.

Pasado dicho periodo, ante su “rebeldía y contumaçia”, pues no se ha presentado y sigue huido, se escribe y pregona una segunda notificación dándole otros nueve días de plazo para presentarse. Eso sí, sus incautados bienes -una yegua y algún otro- iban a ser ya vendidos en almoneda pública para sufragar los costes del proceso. El animal fue rematado a “Juan Griego, marinero calafate como mayor pujador en veinte pesos de oro”.

El alcalde y teniente de gobernador dio un tercer plazo para que el rebelde fugado se presentara ante las autoridades, pero nada cambió. El proceso, pues, debía continuar en ausencia del acusado, quien con su huida y desaparición había dejado ya su credibilidad e inocencia sin ningún crédito.

Así, se llamó de nuevo a los principales testigos, varios indios, para que se ratificaran en sus testimonios, cosa que hicieron todos ellos.

Finalmente, el 25 de junio de 1541, se dictó sentencia:

Fallo que debo de condenar e condeno al dicho Andrés Medrano por aver cometido el dicho delito de aver quemado la india Soche de que murió, que le devo de condenar y condeno en que sea traydo cavalgando en una bestia, sacado de la cárcel pública desta çibdad e traydo que sea a ella, sea traydo por las calles públicas acostumbradas desta çibdad de León por voz de pregonero que manifieste su delito e sea llevado a la horca desta çibdad e della sea hahorcado e colgado hasta tanto que naturalmente muera…”

Por supuesto, dicha sentencia fue pregonada en ausencia del condenado. No sé qué fue del infame Andrés Medrano, si fue capturado y ahorcado pasado un tiempo o si mudó su identidad y continuó su vida en otras partes de las Indias donde no se le pudiera identificar como el vil asesino que era.

La Justicia en la América hispana trató siempre de atender y proteger a sus ciudadanos, fueran estos españoles, indios o mestizos. Todos podían acudir a ella y, los indios, lo hicieron en numerosas ocasiones, como demandantes y testigos. En este caso, los testimonios de varios de ellos y la huida precipitada del acusado, fueron definitivos para la sentencia dictada.

Una mujer india fue la víctima y tres indios fueron los principales testigos, declarando ante la justicia para que, finalmente, el fugado español fuera condenado a la horca.  

El mapa del «mar de España»

Mapa de autor desconocido. (AGI//MP-BUENOS_AIRES).

Seguramente no es el mejor mapa realizado sobre el Nuevo Mundo. Tampoco el más bello ni adornado, pero sí que resulta muy curioso y atractivo por los detalles que en él se recogen y la nomenclatura que su desconocido autor incluyó sobre algunos accidentes o espacios geográficos. Por todo ello, merece la pena detenerse en él, ampliarlo por partes para que lo aprecien mejor y contarles algunos de esos jugosos pormenores de este dibujo en el que se muestran la mayoría de los dominios españoles en América.

Debo decirles que me topé con él por casualidad, como suelen ocurrir estas cosas. Bueno, por azar en parte, ya que me hallaba consultando en el AGI/PARES mapas de esa misma época, pero de otras latitudes, concretamente del Caribe. Las sucesivas búsquedas, a la par que mi curiosidad, hicieron que abriera la imagen cuya descripción era: “Mapa y derroteros del Océano Atlántico y costas aledañas”.

Tal y como indica el AGI, por la letra y otros detalles, parece hecho en el siglo XVI y lleva una rúbrica no identificada. Además, el autor incluía al dorso esta humilde disculpa por su “mala mano” al realizarlo, ya que él no era un profesional del arte de pintar o reproducir mapas con exactitud o acierto, pero su boceto sí que podría ser útil para que en España se rehiciera de mejor manera:

«Perdone vuestra señoría la mala mano que házelo como nunca me enseñaron el oficio de pintor, pero allá se podría por esa traza hazer pintar bien a quien lo supiese hazer«

En el capítulo de detalles a tener en cuenta, uno sobresale por encima de todos los demás: el océano Atlántico es denominado “mar de España” en varias ocasiones, y no le falta razón al autor. Como apunta acertadamente Tomás Mazón, autor del recomendable «Elcano, viaje a la historia», dicha expresión era empleada por los marinos cuando echaban la sonda para medir la profundidad de las aguas que surcaban y no daban con el fondo.

Pero la interpretación que más me cuadra en este caso es otra, por la fecha más avanzada de realización del citado mapa y el conocimiento que ya se tenía de aquellas aguas. Las flotas de galeones surcan sus aguas desde España a América y viceversa transportando personas y bienes y, pese a los ataques de piratas y corsarios -sobre todo en el Caribe- el inmenso océano era, sin duda, ese “mar de España” que él refiere. Al igual que todos recordamos aquello del “lago español” para identificar al océano Pacífico, el dibujante ocasional refleja el pleno dominio del otro océano por España.

Para aproximarnos a una datación más concreta, lo mejor es prestar atención a los lugares (ciudades, cabos, ríos…) que figuran mencionados en el mapa. Sobre todo, en los de la parte más meridional, pues la expansión y asentamiento castellano en aquella zona fue posterior al de las Antillas, Centroamérica y norte de Sudamérica. La Florida y el resto de Norteamérica apenas están esbozadas.

Mirando, pues, hacia el sur del continente y fijándonos en las ciudades o pueblos marcados y las fechas de sus fundaciones por los españoles, nos encontramos con el estrecho de Magallanes (1520), Santiago (1541), Santiago del Estero (1553), Tucumán (1565), Buenos Aires (1580, la segunda fundación por Juan de Garay, ya que la anterior de 1536 por Mendoza tuvo una vida efímera) y Salta (1582).

Detalle Sudamérica.

Las fechas anteriores, en especial las dos últimas referidas a Buenos Aires y Salta, hacen pensar en que el mapa fue hecho, seguramente, en los últimos años del siglo XVI o primeros del siglo XVII.

Otra cuestión muy interesante son los cinco derroteros marcados y que surcan ese “mar de España”: «de Nombre de Dios a España», «de España a Nombre de Dios», «de España al Campo y al Paraguay», «derrota al Río de la Plata» y, «derrota al Estrecho de Magallanes». Incluso marca una sexta que no menciona, al sur de la isla de Tierra del Fuego, bordeando el cabo de Hoces o de Hornos.

El “Campo” citado aparece dibujado en casi todas las tierras de Brasil y hasta Uruguay, donde figura “guaranís”, indios habitantes de aquellas latitudes. La línea equinoccial aparece claramente señalada y no demasiado lejana a su ubicación real. Por su parte, la costa pacífica aparece apenas definida pues su objetivo es marcar las rutas, ríos, islas y cabos de las costas del océano Atlántico. Llama también la atención que siga denominando mar del Sur al que ya la expedición de Magallanes y Elcano nombró como océano Pacífico.

Lo más conocido es lo que realmente aparece peor dibujado, me refiero a la propia España y a Europa. No interesaban tanto unos perfiles perfectos o muy realistas de aquellas tierras y el dibujante aficionado -que ya tenía sus propias limitaciones para ilustrar con mayor acierto- no se esmeró demasiado en ello. Otro interesante detalle es que, en en nuestro país, sólo señala dos ciudades: Sevilla y La Coruña. La primera no extrañará a nadie, ya que fue el gran puerto de entrada y salida hacia las Indias; la segunda, fue sede la Casa de la Especiería de 1522 a 1529 y tuvo una relación especial con el Nuevo Mundo.

Perdón, en España hay tres lugares señalados, no dos. El nombre de Gibraltar puede leerse, dando paso al estrecho y al mar Mediterráneo.

Detalle «mar de España».

En fin, un mapa que no me dejó indiferente pese a sus lógicas inexactitudes y donde el océano Atlántico es el “mar de España”, pues España, con sus navíos y marinos valientes fue la que navegó, exploró y cartografió medio mundo en aquel siglo XVI.

Les dejo su referencia en AGI/PARES para que lo amplíen a su antojo y disfruten de mil y un detalles más. AGI//MP-BUENOS_AIRES,5

Feliz 2021

1519, Cortés en México y la vuelta al mundo… ¿Cómo no conmemorarlo?

vueltaalmundoEl año 1519 es fundamental para la historia de España, de América y del mundo. Hace justo 500 años, dos empresas de envergadura comenzaban en el Nuevo Mundo descubierto menos de 30 años antes: Hernán Cortés llegaba al actual territorio mexicano y, con pocos meses de diferencia, partía desde España la expedición hacia el Maluco que daría con el anhelado paso entre los océanos Atlántico y Pacífico, llegaría a las islas de las Especias y acabaría dando la vuelta al mundo tres años después con El Cano y dieciocho de sus integrantes originales.

Ambos hechos cambiaron y ampliaron la percepción, dimensiones y conocimiento del mundo hasta entonces tenido por cierto. La monarquía hispana, ya global y poderosa entonces, se hizo aún más inmensa y preponderante gracias a hombres como Cortés y El Cano.

En el año 2019, ¿cómo no vamos a conmemorarlo? ¿Cómo desde las instituciones públicas no van a apoyarse y recordarse firmemente estas dos efemérides? Ay amigos, en un caso sí, en otro no… ya saben ustedes los complejos y prejuicios que tenemos con nuestra propia historia.

Respecto a la primera circunnavegación del mundo, empresa española con relevante participación portuguesa (Magallanes era el comandante hasta que falleció y llevó a importantes pilotos portugueses consigo además de allegados), los actos previstos son ya más de un centenar de todo tipo. Dejando al margen las absurdas polémicas entre Portugal y España, parece que todo se va encauzando para conmemorar esta gesta como se merece.

En cuanto a la llegada de los españoles a México al mando de Cortés, la cosa cambia tristemente bastante. El ministro de Cultura español, preguntado por la ausencia de conmemoración de estos hechos en la agenda pública, manifestó que “en México este tema es complicado”, teniendo que echarle un cable Borrell al afirmar que algo se haría, pero sin concretar ni qué ni cómo ni cuándo.

Entran aquí todos los prejuicios, leyendas negras asumidas como verdades, el miedo a molestar, la piel de fumar, las desmedidas vergüenzas propias por lo que sucedió hace 500 años, el temor a poner en valor lo mucho de bueno que supuso la conquista de México, etc.

Hernán Cortés

Retrato de Hernán Cortés

Miren ustedes, precisamente por ser complicado este tema en México como adujo el todavía ministro de Cultura, más empeño debería poner aún el gobierno de España para estrechar lazos con aquél país hermano con el que comparte cultura, idioma y 300 años de una historia común en el que su territorio formó parte España.

A ambos lados del océano hay multitud de historiadores e investigadores serios sobre la enorme figura y empresa que protagonizó Hernán Cortés. Simplemente, es cuestión de voluntad conmemorar esta efeméride -500 años no se cumplen todos los días- para recordar, alejados de prejuicios y versiones maniqueas e impregnadas de ideologías actuales, lo que fue y supuso el encuentro entre aquellos dos mundos tan diferentes entre sí. ¿Con sus luces y sus sombras? Por supuesto, claro que sí, como no podía ser de otra manera.

Valdría mucho la pena hacer un esfuerzo importante para arrojar algo de luz sobre un episodio siempre tan manipulado y a la vez desconocido por la mayoría. Si se hiciera, se podrían comenzar a superar viejas rencillas, rencores absurdos y versiones interesadas sin rigor de lo que ocurrió hace 500 años.

La lástima es que no hay voluntad real, nos da miedo, vergüenza, no queremos molestar,… En fin, llegados a este punto me pregunto cómo harían ingleses o franceses si Hernán Cortés hubiera nacido en Inglaterra o el país galo. Es fácil suponer que todo sería muy diferente.

Escribo estas líneas cuando se acaban de convocar Elecciones Generales en España. No sé quien las ganará y quien o quienes gobernarán finalmente este país –como para hacer quinielas está el patio- Mi única esperanza es que el gobierno que se constituya le dé una vuelta a su política cultural y de acción exterior para incluir a Hernán Cortés en su planes. En 1519 Cortés llegó a México por primera vez y hasta 1521 no conquistó definitivamente Tenochtitlán, la capital mexica. Hay tiempo para recordarlo todavía.

Confío en ello, aunque, para serles sinceros, no mucho… esto es España.

La dramática despedida de las naos Trinidad y Victoria

vueltaalmundoCuanto más leo más me apasiona la tremenda aventura de la expedición hacia la Especiería o el Maluco protagonizada por Magallanes, Elcano y unos 240 intrépidos marineros que acabó, tras tres años de mil penalidades, con un puñado de supervivientes dando la primera vuelta al mundo; una gesta sin parangón. Aquella larga singladura comenzó en 1519 y quiero sumarme al homenaje y recuerdo que se debe a aquellos hombres con unas breves líneas sobre alguno de aquellos pasajes que vivieron. Hoy me centro en la dramática despedida entre los marineros de la nao Trinidad y los de la nao Victoria.

Nos situamos en diciembre de 1521. Isla de Tidore, en las Molucas. Han pasado ya dos años desde su partida de San Lúcar y los poco más de cien hombres que quedan vivos han cargado la Trinidad y la Victoria con el máximo de quintales posibles de las anheladas especias, sobre todo de clavo. También, lógicamente, de víveres y agua. Atrás quedan los infortunios, la muerte de Magallanes y de otros muchos en lucha desigual contra nativos en Mactán (Filipinas), la durísima travesía del Pacífico en la que los hombres fueron cayendo uno tras otro víctimas del hambre y el escorbuto, el complicado paso del estrecho anhelado, la deserción de la San Antonio, las tormentas y el frío extremo, el motín en San Julián, el naufragio de la nao Santiago,…

Al fin, partían hacia España, aunque no lo harían todos…

¿Qué ocurrió? Cuando todo estaba aparejado y listo para partir con la ayuda de los naturales de aquellas tierras, la nao Trinidad dijo basta. Sus cuadernas maltrechas daban paso a una vía de agua de importancia. La vuelta era imposible, al menos de momento. Entonces se decidió que la Victoria emprendería el regreso con su cargamento de clavo, continuando hacia el oeste aprovechando los favorables vientos de aquella época del año, mientras la Trinidad sería reparada con ayuda de los indios y emprendería su regreso más tarde hacia el este, hacia la Nueva España.

Así narró el cronista Pigaffetta aquél momento clave y dramático, en un relato que emociona al imaginar la sentida despedida entre los que tenían que quedarse en aquella isla y los que ya tornaban hacia su patria…

            “… tuvimos que esperar a que nos trajesen las cartas que nuestros camaradas que se quedaban en las Malucco mandaban a España… los barcos se despidieron con una descarga recíproca de la artillería; nuestros compañeros nos siguieron en su chalupa tan lejos como pudieron, y nos separamos, al fin, llorando”

Buf, tremendo pasaje… Imagínense, han pasado dos años desde su partida de España. Han sobrevivido a mil peligros y contratiempos, han hallado las ricas islas de la Especiería, cargado las naos hasta el tope y ven su vuelta posible y cercana, cuando el destino les juega una nueva mala pasada. Cincuenta y tres hombres tuvieron que permanecer en la isla de Tidore mientras despedían a “cuarenta y siete europeos y trece indios”  que emprendían el retorno deseado al mando de Elcano.

¿Qué pasó después? Mil cosas y otros mil infortunios… Les contaré otro día con más calma pero déjenme adelantarles que no fue fácil, ni mucho menos, el regreso a España de ambas naos. De hecho, la Trinidad nunca llegó y sólo 4 hombres de aquellos cincuenta y tres que se quedaron en la isla de Tidore en diciembre de 1521, despidiendo entre lágrimas a sus compañeros de la nao Victoria, consiguieron regresar a Europa años después tras ser sometidos a trabajos forzados y prisión por los portugueses. Gonzalo Gómez de Espinosa y Ginés de Mafra dejaron textos que ponen la piel de gallina, narrando sus penalidades.

En cuanto a la nao Victoria al mando del guipuzcoano Juan Sebastián de Elcano, siguió rumbo oeste y, tras hacer escala en Timor, surcó el inmenso océano Índico navegando siempre alejados de la costa para evitar ser avistados y apresados por los portugueses. Tras doblar el cabo de Buena Esperanza y remontar el continente africano, escapó de manos lusas en las islas de Cabo Verde –donde fueron apresados trece de sus hombres- y el 06 de septiembre de 1522 tan sólo dieciocho supervivientes llegaron al fin a San Lúcar de Barrameda.

Gracias a la Providencia, entramos el 06 de septiembre en la bahía de   San Lúcar, y de sesenta hombres que componían la tripulación cuando salimos de las islas Malucco, no quedábamos más que diez y ocho, la mayor parte enfermos. Los demás, unos se escaparon en la isla de Timor, otros fueron condenados a muerte por los crímenes que     cometieron, y otros, en fin, perecieron de hambre.” (Pigaffetta).

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Cuadro que representa el retorno de los dieciocho supervivientes en la nao Victoria. (Autor: Elías Salaverría)

Emociona de igual manera leer la carta enviada por Elcano al emperador Carlos el mismo día 06 de septiembre de su llegada a San Lúcar. En ella recuerda a los trece hombres que tuvo que dejar en Cabo Verde para escapar con el resto hacia España, pide ayuda para rescatarlos y, sobre todo, destaca el hecho de haber circunnavegado el mundo, del este hacia el oeste.

“… estando flacos como jamás hombres estuvieron, con la ayuda de Dios e Santa María, pasando los tres años llegamos. Y por tanto, suplicamos a tu Alta Majestad que provea al Rey de Portugal por los trece hombres que tanto tiempo tienen servido. Más sabrá tu Alta Majestad lo que en más avemos de estimar y tener es que hemos descubierto e redondeado toda la redondeza del mundo, yendo por el oçidente e veniendo por el oriente.”

Esta inmensa aventura de exploración, protagonizada por hombres intrépidos que afrontaron mil peligros y penalidades, cambió las dimensiones y conocimiento del mundo y constituyó sin duda la primera globalización, ya que unió a través de las aguas a Europa, América y Asia.

Conmemorémoslo como merece en este 2019 y hasta el 2022. Yo, humildemente, así lo haré, contándoles algunos de los pasajes de aquella tremenda gesta… Les sugiero de nuevo visitar la web de referencia www.rutaelcano.com

 

Ciudad de los Reyes

Aunque será el día 18 de enero cuando Lima celebre los 484 años desde su fundación por Francisco Pizarro y sus hombres en 1535, la capital del Perú recibió entonces el nombre de ciudad de los Reyes, dada la proximidad de su fundación con la fiesta de la Epifanía.

Aunque algunos investigadores sostienen que la ciudad de los Reyes fue llamada así en honor del emperador Carlos y su madre la reina Juana, el escudo otorgado en Valladolid el 07 de diciembre de 1537 por cédula real parece apuntar claramente a su vinculación con la conmemoración de la adoración de los Reyes Magos a Jesús.

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Como verán en la imagen, sobre fondo azul se representan tres coronas y en el centro una estrella de oro con la punta inferior alargada y que toca con sus puntas las coronas, lo que potencia la idea de la estrella que guía a Belén a los tres reyes magos. Sobre el escudo aparecen las iniciales «I» y «K», Ioana y Karolus, los nombres de la reina de Juana de Castilla  y su hijo, el emperador Carlos. Sobre las letras se sitúa una estrella y dos águilas coronadas sujetan el escudo. La divisa “Hoc signum vere regum est”, “Este es el verdadero signo de los reyes”, también apunta a la estrella como eje central del escudo.

Jauja, fundada por los españoles apenas unos meses antes en su camino hacia la conquista de Cuzco, se encontraba a más de 3.000 metros de altitud, a más de cuarenta leguas del mar y era “tierra fría y de muchas nieves, así como de falta de leña”, lo que hacía muy duro el suministro constante de productos alimenticios y de otro tipo para su mantenimiento por parte de los indios. Así que el 29 de noviembre de 1534 se decidió buscar un nuevo lugar cercano a la costa, de clima más templado, para comunicarse también más fácilmente por mar con Panamá.

Tal decisión fue tomada de una manera muy democrática para aquellos tiempos, lo que no deja de llamar la atención y deshacer algunos mitos oscuros sobre el conquistador extremeño. Se reunieron los vecinos y todos estuvieron de acuerdo, tal y como recogen las actas del Cabildo, para buscar el mejor lugar para la nueva ciudad, en los llanos, cerca de la costa. Finalmente, Francisco Pizarro comisionó a tres de sus hombres de confianza, Ruy Díaz, Juan Tello y Alonso Martín, para que exploraran el valle del cacique de Lima y dieran con el mejor asentamiento para fundar la ciudad.

El 13 de enero regresaron los enviados por el gobernador y manifestaron haber dado con la mejor ubicación en las tierras del valle de Lima. Todos ellos destacaron su mejor clima, abundancia de leña, agua, cultivos, buenos aires y cercanía al mar como las cualidades para fundarse la que sería la capital del Perú. Visto el informe de sus hombres, el 18 de enero de 1535 Francisco Pizarro

“…mandaba y mandó que se llame desde agora y para siempre jamás la ciudad de los Reyes, el qual hizo y pobló en nombre de la santísima trinidad, padre, hijo e espíritu santo, tres personas e solo un Dios verdadero…”.

El 22 de enero, se nombraron los primeros alcaldes y regidores de la ciudad de los Reyes. Como alcaldes fueron nombrados Nicolás de Ribera –uno de los 13 de la Fama que cruzaron la raya trazada por Pizarro en la isla del Gallo- y Juan Tello, otro de sus hombres de confianza. Comenzaba a escribirse la historia de la ciudad de los Reyes, tiempo después más conocida como Lima por su semejanza con el vocablo nativo que denominaba aquellas tierras.

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Estatua ecuestre de Francisco Pizarro, Lima. Año 2002. (Foto del autor).

Escribo estas líneas y no puedo evitar recordar mi viaje al Perú en el año 2002. Por aquél entonces pude todavía ver y fotografiar la estatua ecuestre de Francisco Pizarro, fundador de la ciudad de los Reyes, la actual Lima. Similar a la que se encuentra en Trujillo, se hallaba en una pequeña plazoleta de la plaza de Armas de la capital peruana, junto al palacio de gobierno, antigua sede los virreyes. No había sido este su emplazamiento original, ya que cuando se instaló en 1935 se dispuso en el atrio de la catedral hasta 1952, pero al menos se encontraba en la plaza de Armas y tenía una gran visibilidad, muy cercana a la catedral donde están los restos del conquistador extremeño.

Al año siguiente de mi viaje fue retirada de este lugar y en 2004 se reubicó la estatua ecuestre, ya sin su pedestal original, en un parque de la zona de la muralla, mucho más oculto al público y a los miles de turistas que visitan el centro histórico de Lima cada año.

Ya saben cómo está el patio… Sólo espero que en breve no yazca en algún almacén el que, con sus luces y sombras, es el padre del Perú actual, al igual que Hernán Cortés lo es del México que hoy conocemos.

 

Juan y Pablo, los patagones de la primera vuelta al mundo

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A finales de mayo de 1520, la expedición hacia la Especiería comandada por Magallanes se hallaba casi intacta, con sus más de doscientos treinta hombres a bordo tras superar algunos incidentes. Habían costeado Brasil y ahora habían fondeado en una bahía para refugiarse del mal tiempo y del frío que se cernía sobre ellos tras continuar rumbo sur y acercarse el temible invierno austral. Se hallaban ya en la costa de la actual Argentina y llamaron a ese lugar la bahía de Santa Lucía. Entonces, se produjo el encuentro…

Un  día, cuando menos lo esperábamos, un hombre de figura gigantesca se presentó ante nosotros. Estaba sobre la arena, casi desnudo, y cantaba y danzaba al mismo tiempo, echándose polvo sobre la cabeza. El capitán envío a tierra a uno de nuestros marineros, con orden de hacer los mismos gestos, en señal de paz y amistad… Dio muestra de gran extrañeza al vernos, y levantando el dedo, quería sin duda decir que nos creía descendidos del cielo.”

Quien así nos describe a este hombre es Antonio Pigafetta, cronista italiano de la expedición y quien dejó una completa relación de aquella aventura que duró más de tres años y que supuso circunnavegar el mundo por primera vez. Él fue uno de los 18 hombres que sobrevivieron a tan tremenda aventura. Continúa dándonos más detalles sobre el aspecto de aquél sujeto…

Este hombre era tan grande que nuestra cabeza llegaba apenas a su cintura. De hermosa talla, su cara era ancha y teñida de rojo, excepto los ojos, rodeados con un círculo amarillo, y dos trazos en forma de corazón en las mejillas. Sus cabellos, escasos, parecían blanqueados con algún polvo. Su vestido, o mejor dicho, su manto estaba hecho de pieles muy bien cosidas, de un animal que abunda en este país… este animal tiene cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y cola de caballo; relincha como este último…”

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Guanaco del cono sur. (Foto del autor).

No sé si habrán adivinado que el animal así descrito es el guanaco, efectivamente muy presente por aquellas latitudes y aún más al sur. Suponían el principal sustento alimenticio de aquellas gentes y de él aprovechaban las pieles para protegerse del frío y confeccionarse mantos y una especie de mocasines. Los españoles, portugueses y demás hombres que vieron a aquél gigante no daban crédito y le trataron bien desde el principio por indicación de Magallanes. Le regalaron un espejo, objeto por él desconocido… “veía por primera vez su figura, retrocedió tan asustado que derribó a cuatro de nuestros hombres que le rodeaban”. También le ofrecieron cascabeles, un peine y cuentas de vidrio.

Pronto se juntaron otros hombres y mujeres de aquellas latitudes en la orilla y también se les invitó a subir a bordo. Pigafetta nos deja una descripción muy curiosa de las mujeres y de su belleza o ausencia de ella más bien…

Las mujeres no son tan grandes como los hombres, pero en compensación, son más gordas. Sus tetas, colgantes, tienen más de un pie de longitud. Van pintadas y vestidas del mismo modo que sus maridos, pero se tapan sus partes naturales con una piel delgada. Nos parecieron bastante feas, sin embargo, los maridos mostraban estar muy celosos.”

Tras este primer encuentro con aquellas gentes tan extrañas a ojo de los occidentales y viceversa, hubo otros en días posteriores. Siempre de manera amistosa, se intercambiaban comida y objetos e incluso a uno de ellos se le enseñó a pronunciar el nombre de Jesús, recitar el padrenuestro,… siendo bautizado con el nombre de Juan. Sin embargo, pronto la situación se tornó más tensa al querer Magallanes llevar a varios de ellos consigo para continuar la travesía y poder llegar con esos extraños seres a España, capturando finalmente a dos de ellos.

¿Qué pasó con aquellos dos hombres a los que Magallanes denominó patagones, por sus grandes pies? Los barcos zarparon en agosto de la bahía Santa Lucía que les había servido de refugio durante varios meses. Con ellos a bordo, uno en la San Antonio y otro en la Trinidad, continuaron rumbo sur hasta llegar el 21 de octubre de 1520 al que denominaron cabo de las Once mil Vírgenes, entrada al estrecho tan deseado que comunicaba ambos océanos, aunque entonces todavía no lo supieran.

En la fase de exploración de aquellos canales que se abrían por aquellas aguas en busca de una salida, la nao San Antonio, al mando del portugués Esteban Gómez, decidió desertar y regresar a España, llevando en su bodega a uno de los patagones. Pigafetta nos cuenta sobre él que no llegó a España vivo… “supimos a nuestro regreso que murió al acercarse a la línea equinoccial por no poder soportar el calor”.

Tras la deserción de la San Antonio y el naufragio previo de la Santiago, tres naos cruzaron el estrecho y dieron con la Mar del Sur de Balboa: la Trinidad, la Victoria y la Concepción. Magallanes dio el nombre de océano Pacífico a aquellas aguas, tras hallarlas muy calmadas después de sufrir tremendas tormentas y tempestades en los días anteriores. El Estrecho de Magallanes era un hecho, habían descubierto el anhelado paso entre ambos océanos para poder continuar la singladura hacia el Maluco navegando hacia el oeste.

¿Qué fue del otro patagón? De nuevo el cronista Pigafetta nos deja más detalles sobre el patagón a bordo de la Trinidad y de su postrero fin en aquellos días de descubrimiento y exploración…

Durante el viaje entretuve lo mejor que pude al gigante patagón que llevábamos en nuestro navío, y por medio de una especie de pantomima le preguntaba el nombre patagón de muchos objetos, de manera que llegué a formar un pequeño vocabulario… Cuando se sintió en las últimas en su postrera enfermedad, pidió la cruz, la besó y nos rogó que le bautizáramos, lo que hicimos, poniéndole el nombre de Pablo”.

En fin, esta es la breve y triste historia de aquellos dos patagones, de aquellos gigantes de más de dos metros de altura, los bautizados como Juan y Pablo

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Junto a mi hija, en Punta Arenas, cumpliendo con la tradición.

Escribiendo estas líneas he evocado mi viaje de hace justo un año por aquellas latitudes, tan lejanas y espectaculares. La ciudad chilena de Punta Arenas, cosmopolita y abierta, americana y europea, es el centro neurálgico del Estrecho de Magallanes. En su plaza principal, una gran estatua del navegante portugúes otea el horizonte mientras a sus pies se encuentra la monumental figura de un  patagón. Todo aquél que visita este lugar y quiere regresar debe tocar y besar el enorme pie del indio. A tenor de cómo está el pie citado muchos seremos los que quizás volveremos por estas tierras… ¡Ojalá!

Prestos a conmemorar como se merecen los 500 años del descubrimiento del Estrecho de Magallanes les recomiendo visitar la web www.rutaelcano.com No dejen de consultarla si quieren conocer mejor aquellos hechos de una manera didáctica y consultar las principales fuentes que narran aquella extraordinaria aventura. Desde estas líneas, le mando a su creador mi más sincera enhorabuena.

Diez claves sobre «Conquistadores olvidados»

portadaComo algunos de ustedes ya conocen, acaba de ver la luz mi nuevo libro “Conquistadores olvidados. Personajes y hechos de la epopeya de las Indias”. Sin alargarme en exceso ni destripar en demasía lo que en sus páginas contiene sí que me gustaría darles diez claves sobre lo que van a encontrar en él, esperando con ello despertar sus ganas de leerlo…

1.- Este blog, “Historias de América”, está en el origen del libro, ya que he retomado algunas de las historias aquí esbozadas con anterioridad para ampliarlas y plasmarlas en el libro, documentándolas con un mínimo de rigor exigible. Además, incluyo otras inéditas.

2.- “Conquistadores olvidados. Personajes y hechos de la epopeya de las Indias” es un libro de Historia o, si lo prefieren, de historias. Independientes entre sí, los 22 capítulos reflejan la realidad de lo que vivieron conquistadores y otros personajes que hoy casi nadie recuerda. Además, también rescato algunos acontecimientos que he conocido y que han llamado especialmente mi atención. Todo ello de una manera espero que amena y también breve (cada capítulo merecería un libro).

3.- Documento estos capítulos con fuentes primarias cuando es posible –textos que nos dejaron escritos sus protagonistas o quienes les conocieron- y secundarias -documentos y bibliografía-.

4.- Hay miles de historias sobre el Descubrimiento y Conquista de América. Mi libro recoge algunos de esos episodios y personajes que hoy yacen en el olvido y que vivieron hechos extraordinarios en aquél Nuevo Mundo tan lejano, fascinante y también lleno de peligros.

5.- Lógicamente, mi pasión por la Historia y, en concreto, por el encuentro entre dos mundos tan diferentes y su realidad a lo largo de los tres siglos en los que buena parte de América formó parte de España me han incitado a leer, investigar, escribir y plasmarlo en este libro.

6.- Si aquellos hechos hubieran sido protagonizados por ingleses o franceses los tendríamos hasta en la sopa y se contarían de manera muy diferente a lo que se hace ahora. Aquí, o los obviamos directamente o los demonizamos sin rigor, esa es la triste realidad.

7.- Es un libro sin prejuicios ni vergüenzas. Invito al lector inteligente a acercarse a él de la misma manera. Todo es mucho más complejo de lo que nos han contado y, en muchos casos, hemos asumido como verdad absoluta.

8.- Con sus luces y sus sombras, como no podía ser de otra manera, aquellos hombres y mujeres vivieron infinidad de aventuras y desventuras, protagonizando auténticas hazañas y también hechos abyectos. Sólo aspiro a recordarlos.

9.- Escribo sobre Gonzalo Pizarro, Bernal Díaz del Castillo, Alonso de Ercilla, la monja alférez, Lope de Aguirre, Luis de Velasco,… pero también sobre cómo se celebró en el México virreinal el triunfo en la batalla de Lepanto o cómo escribían a sus esposas y familiares aquellos primeros indianos del siglo XVI.

10.- Les recomiendo leer con atención el prólogo, lo último que se escribe de un libro y, a menudo, lo que nunca se lee. Háganlo, en esas páginas hago algunas reflexiones sobre lo que supuso algo que sin duda cambió la Historia de la Humanidad.

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Hoy, por diferentes motivos, apenas se recuerda este episodio clave en la Historia de España, de América y del Mundo. Y cuando se menciona, suele hacerse para denigrarlo, dominado como sigue por una poderosa leyenda negra que todo lo envuelve por razones ideológicas ajenas al más mínimo rigor con el que deberíamos todos aproximarnos a lo que comenzó hace ya más de 500 años, tratando de comprender y sin juzgar con nuestra mentalidad del siglo XXI…

“Conquistadores olvidados. Personajes y hechos de la epopeya de las Indias” está ya a la venta y lo pueden encontrar o pedir en las principales librerías. Ahora que se acercan las fiestas navideñas, no se me ocurre un mejor regalo para sus familiares y amigos… jajaja, pero qué les voy a decir yo…

Gracias a todos y un abrazo.

Andrés de Valderrábano, el escribano de la mar del Sur

Me costó dar con él en San Martín de Valdeiglesias, su patria chica ubicada en una esquinita al oeste de la actual Comunidad de Madrid. Sabía que allí estaba pero imaginé que lo encontraría presidiendo la plaza principal, junto al Ayuntamiento y la iglesia. No era así pero decidí no preguntar y seguir caminando por las calles del pueblo, convencido de toparme con él en la siguiente plaza, parque o lugar señalado del municipio. Al comprobar que no lo encontraba fácilmente tras recorrer casi todo San Martín, decidí preguntar a un lugareño, quien me dio un par de pistas definitivas: “enfrente de la casa cuartel de la Guardia Civil, en la salida hacia Ávila…”.

Efectivamente, casi saliendo del pueblo por la carretera dirección Ávila se encontraba el recuerdo que San Martín de Valdeiglesias tributa a su hijo Andrés de Valderrábano, amigo y compañero de Vasco Núñez de Balboa y, lo que es más importante, escribano real, el hombre que dio fe y testimonio por escrito del descubrimiento de la mar del Sur –luego océano Pacífico- incluyendo los detalles de aquél acontecimiento y sus protagonistas.

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Avenida Andrés de Valderrábano. Foto del autor.

Al fondo de una generosa “Avenida Andrés de Valderrábanos” -no es más que un bulevar arbolado y casi escondido a la salida del pueblo- vi al fin la estatua del escribano de la expedición al mando de Balboa. Valderrábano fue uno de los primeros sesenta y siete europeos que divisaron el Pacífico y uno de los primeros veinte y siete que se mojaron y probaron sus aguas.

Así lo reflejó el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo en su “Historia General y Natural de las Indias” años después. Oviedo nos refiere que conoció a Andrés de Valderrábano, vio y leyó sus escritos y se los quedó cuando éste murió, transcribiendo en su obra citada la toma de posesión del mar del Sur que tuvo lugar el 29 de septiembre de 1513, día de San Miguel…

“… Y como el agua llegó, el capitán Vasco Núñez, en nombre del Serenísimo e muy Chatólico Rey don Fernando, quinto de tal nombre, e de la Reyna Serenísima e Cathólica doña Juana, su hija, e por la corona e cetro real de Castilla, tomó en la mano una bandera y pendón real de Sus Alteças, en que estaba pintada una imagen de la Virgen Santa María, Nuestra Señora, con su presçioso Hijo, Nuestro Redemptor Jesu-Chripsto, en braços, y al pie de la imagen estaban las armas reales de Castilla e de León pintadas; y con una espada desnuda y una rodela en las manos entró en el agua de la mar salada hasta que le dio a las rodillas…”.

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Detalle estatua de Andrés de Valderrábano. Foto del autor.

Gracias también a Andrés de Valderrábano sabemos quienes fueron esos primeros veintisiete europeos que mojaron sus pies, manos y caras en el océano Pacífico. Permítanme que los mencione a modo de homenaje, ya que casi nadie los recuerda hoy en día…

“El capitán Vasco Núñez de Balboa, Andrés de Vera, clérigo, Francisco Piçarro –sí, el luego famoso Pizarro-, Bernardino de Morales, Diego Albitez, Rodrigo Velázquez, Fabián Pérez, Francisco de Valdenebro, Francisco González de Guadalcama, Sebastián de Girjalva, Hernando Muñoz, Hernando Hidalgo, Álvaro de Bolaños, Ortuño de Baracaldo, vizcayno, Francisco de Luçena, Bernardino de Cinfuegos, esturiano, Martin Ruiz, Diego de Texerina, Christóbal Daça, Johan de Espinosa, Pasqual Rubio de Malpartida, Johan de Portillo, Johan Gutierrez de Toledo, Francisco Martín, Johan de Beas. Estos veynte e seis y el escribano Andrés de Valderrábano, fueron los primeros chripstianos que los pies pusieron en la mar del Sur, y con sus manos todos ellos probaron el agua e la metieron en sus bocas, como cosa nueva, por ver si era salada como la destrota mar del Norte; e viendo que era salada, e considerando e teniendo respecto a donde estaban, dieron infinitas gracias a Dios por ello”.

De su vida no conocemos muchos detalles. Pero sí sabemos que permaneció junto a Balboa hasta el fin de sus días, participando en las diferentes misiones de exploración capitaneadas por el extremeño y tomando notas sobre ellas. Apenas cinco años después del descubrimiento de la mar del Sur, las conspiraciones del gobernador Pedrarias Ávila contra Núñez de Balboa por celos, luchas de poder e inquinas personales, le acabaron deparando el mismo triste y cruel destino. Balboa fue decapitado en la plaza mayor de Acla (Panamá) en enero de 1519 al igual que sus fieles compañeros Fernando de Argüello, Luis Botello, Hernán Muñoz y Andrés de Valderrábano, “como carneros, uno a par de otro”.

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Castillo de la Coracera, San Martín de Valdeiglesias. Foto del autor.

Si pasan por San Martín de Valdeiglesias aprovechen para ir a verlo, ya saben, enfrente de la casa cuartel de la Guardia Civil, en la salida del pueblo hacia Ávila. De paso podrán ver también el magnífico castillo de la Coracera, cuyo origen se estima en el siglo XV, vinculado a don Álvaro de Luna, el poderoso condestable de Castilla.

Espero que en San Martín de Valdeiglesias los profesores aprovechen la figura de Andrés de Valderrábano para recordar a los escolares la gesta de Núñez de Balboa y el descubrimiento del océano Pacífico hace más de 500 años. Aunque no sé yo si es ilusa mi esperanza…

Aquellos hombres de Trujillo…

Pasear por la monumental ciudad extremeña de Trujillo es un deleite para los sentidos. Sus calles, plazas, iglesias, castillo, murallas, palacios y rincones hacen que el visitante disfrute cada minuto que se pierde por este lugar cargado de historia y cuna de personajes ilustres. Trujillo es un pedazo de la Historia de España y también de la de América, ya que de este pueblo y su comarca partieron muchos de aquellos conquistadores hacia América en busca de una nueva vida.

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Estatua de Francisco Pizarro. (Foto del autor).

Francisco Pizarro, su hijo más recordado, vino a España en 1529 para mostrar al emperador las futuras riquezas que prometía el Perú y obtener su gobernación y mercedes para él y sus hombres. Estaba a punto al fin de comenzar su tercer intento de conquistar el Perú, el que sería definitivo. ¿Qué hizo antes de regresar a América? Visitar su Trujillo natal para convencer y  enrolar en su expedición a familiares y paisanos. Así lo hizo, sumando a sus huestes a sus medio hermanos Hernando, Gonzalo y Juan además de a otros cincuenta hombres de su pueblo y de otras aldeas cercanas, el núcleo duro del futuro conquistador del Perú, sus hombres de mayor confianza. Por supuesto, una vez derrotado el imperio Inca y llegado el eco de sus riquezas a España, muchos más emigraron años después a probar fortuna.

Cuando se visita la espectacular iglesia de Santa María la Mayor uno se da cuenta del peso de los trujillanos en las Indias. Tumbas y sepulcros de las familias Pizarro, Altamirano, Orellana, Hinojosa, Chaves, García de Paredes,… se suceden por doquier, apellidos que fueron muy importantes al otro lado del océano, perpetuándose muchos de ellos.

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Busto de Francisco de Orellana. (Foto del autor).

De Trujillo era también Francisco de Orellana, familiar de los Pizarro, quien había viajado a América muy joven. Unido su destino al de los hermanos a partir de 1535, su fama se debe al haber descubierto y navegado durante varios meses el río Amazonas hasta su desembocadura en el océano Atlántico. Este hecho, como tantos otros, sucedió por casualidad ya que él se había sumado a la expedición de Gonzalo Pizarro en busca del país de la Canela. Si quieren recordarlo, escribí hace un tiempo sobre ello… https://wp.me/p485gT-P

Otro trujillano fue el primer obispo de Lima, fray Jerónimo de Loayza, y otro más, Diego García de Paredes, hijo ilegítimo del homónimo soldado invencible más conocido como el “Sansón extremeño”, participó en la célebre celada de Cajamarca tendida a Atahualpa y fue el fundador dos décadas después de la ciudad de Trujillo en Venezuela. Por cierto, la vida de este tipo, opacada por la de su padre y las leyendas que éste arrastra, es impresionante. Luchó en Europa y en América, fundó varias ciudades, participó y sobrevivió a la fallida exploración del Amazonas por parte de Orellana y veinte años después capturó y mandó decapitar al rebelde Lope de Aguirre.

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Palacio de Juan Pizarro Orellana. (Foto del autor).

No me alargo mucho más, podría continuar citando a unos cuentos más. Sólo quiero encomendarles que visiten el palacio de Juan Pizarro de Orellana, primo de Francisco Pizarro. También estuvo en Cajamarca, hizo fortuna y regresó a España, reformando el palacio que hoy se puede admirar, al menos su portada y su patio renacentista. Hoy es un colegio pero si se asoman al interior una amable y anciana monjita les mostrará el citado patio interior, una maravilla más un tanto escondida de la monumental Trujillo. Por cierto, aquí se alojó un tal Miguel de Cervantes cuando peregrinaba a Guadalupe para dar gracias a la Virgen por su rescate de Argel…

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Escudo de los Pizarro. (Foto del autor).

Recomiendo también caminar por sus calles y plazas con calma, en diferentes horas del día y también de la noche, ya que la luz juega con maestría y le hará despertar nuevas sensaciones e imaginar hechos y personajes históricos en cada recodo al pasear por su empedrado.

Los Trujillos que en América hay (Perú, Venezuela, Honduras,…) beben del Trujillo extremeño, de aquél pueblo del que partieron muchos en pos de la aventura, la fortuna y la gloria. Algunos las alcanzaron, otros muchos no y hoy, casi todos, yacen en el olvido…

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Palacio de la Conquista. (Foto del autor).