«De mucho más honor merecedora»

Retomo estas píldoras históricas en mi blog para contarles brevemente sobre mi nuevo libro “De mucho más honor merecedora. Doña Aldonza Manrique, la gobernadora de la isla de las perlas”, publicado por SND editores.

Acaba de salir a la venta y ya se encuentra disponible en librerías, plataformas y en la web de la editorial www.sndeditores.com. Por cierto, hasta el domingo 2 de mayo tienen una oferta de lanzamiento con un 15% de descuento si lo compran en dicha web y ponen el código ARVLANZGOB21 en el proceso de compra.

Lo primero de todo es transmitirles la ilusión que le hace al autor el hecho de que vea la luz su nueva obra, producto de innumerables horas de trabajo, búsqueda de documentos de la época, consulta de bibliografía, redacción y revisión del texto. Tengo la fortuna de contar, además, con una prologuista de primera fila, María José Solano Franco, cofundadora de zendalibros.com y responsable de la editorial Zenda Aventuras.

No les voy a destripar aquí todo el libro, no tendría sentido, pero sí que quiero apuntarles algunas claves fundamentales.

No es una novela, lo que se van a encontrar en este libro es una historia real, de esas sobre las que más me gusta escribir, me refiero a aquellas que mucha gente desconoce y nadie o casi nadie ha llevado al papel hasta la fecha. La Historia de España es inabarcable y en ella abundan episodios y personajes por descubrir y por contar. Lo que yo les relato en el presente libro es uno de estos casos.

Doña Aldonza Manrique o doña Aldonza de Villalobos, como ustedes prefieran, existió, nació en Santo Domingo en 1520, fue gobernadora de la isla Margarita desde que era una niña en tiempos del emperador Carlos y tuvo el mando sobre ese pedacito del Caribe hasta su muerte en 1575, bajo el reinado de Felipe II. Fue, por tanto, la primera gobernadora criolla, española nacida en América, del Nuevo Mundo.

Además, gracias a su tesón, gestiones y peticiones, consiguió del segundo monarca mencionado legar su gobernación a su nieto, Juan Sarmiento de Villandrado, último gobernador de esta saga familiar en la isla y muerto trágicamente en 1593, defendiendo precisamente su ínsula.

Aquel escenario caribeño fue siempre especialmente agitado y complejo. A los indios caribes y otras belicosos que se toparon los españoles en las costas de Tierra Firme y en las islas de su entorno, se unieron muy pronto los amigos de lo ajeno extranjeros en busca de botín, piratas y corsarios franceses, ingleses y holandeses que depredaban por allí con frecuencia para robar y saquear todo cuanto pudieran. El principal imán que les atraía hacia aquellas latitudes era, lógicamente, el que ofrecían las riquezas del Nuevo Mundo, metales preciosos y, en concreto en esta zona, las perlas que se daban en abundancia.

Como no podía ser de otra manera, las perlas están muy presente en el libro, sus métodos de extracción, los esclavos empleados para ello, los “señores de canoas”, el control y valor de las piezas, la legislación de la Corona…, pues aquella fue la primera industria o negocio de aquellas latitudes y lo que motivó en buena media que los españoles, después del tercer periplo colombino, por allí volvieran y se asentaran.

Debo asimismo apuntarles que mi libro tampoco es una biografía sobre doña Aldonza, pues es más lo que aún desconocemos sobre ella que lo que, al menos un servidor, ha podido hallar en su investigación, pero sí que su presencia es preeminente en este libro y arrojo algo de luz sobre su vida y gobierno de la isla Margarita.

Una época de exploraciones y expansión española en el Nuevo Mundo, una mujer muy desconocida, perlas, caribes, esclavos, piratas y corsarios impregnan las páginas de “De mucho más honor merecedora. Doña Aldonza Manrique, la gobernadora de la isla de las perlas”.

Por último, decirles que, sin duda, el título hace justicia a su persona, pues doña Aldonza Manrique merece mucha más atención de la que hasta ahora le hemos prestado. Ya lo apuntó un gran cronista de Indias en aquellos tiempos…

Ahora sólo queda que se animen a leer esta historia.

¡Gracias por su interés y apoyo!

1519, Cortés en México y la vuelta al mundo… ¿Cómo no conmemorarlo?

vueltaalmundoEl año 1519 es fundamental para la historia de España, de América y del mundo. Hace justo 500 años, dos empresas de envergadura comenzaban en el Nuevo Mundo descubierto menos de 30 años antes: Hernán Cortés llegaba al actual territorio mexicano y, con pocos meses de diferencia, partía desde España la expedición hacia el Maluco que daría con el anhelado paso entre los océanos Atlántico y Pacífico, llegaría a las islas de las Especias y acabaría dando la vuelta al mundo tres años después con El Cano y dieciocho de sus integrantes originales.

Ambos hechos cambiaron y ampliaron la percepción, dimensiones y conocimiento del mundo hasta entonces tenido por cierto. La monarquía hispana, ya global y poderosa entonces, se hizo aún más inmensa y preponderante gracias a hombres como Cortés y El Cano.

En el año 2019, ¿cómo no vamos a conmemorarlo? ¿Cómo desde las instituciones públicas no van a apoyarse y recordarse firmemente estas dos efemérides? Ay amigos, en un caso sí, en otro no… ya saben ustedes los complejos y prejuicios que tenemos con nuestra propia historia.

Respecto a la primera circunnavegación del mundo, empresa española con relevante participación portuguesa (Magallanes era el comandante hasta que falleció y llevó a importantes pilotos portugueses consigo además de allegados), los actos previstos son ya más de un centenar de todo tipo. Dejando al margen las absurdas polémicas entre Portugal y España, parece que todo se va encauzando para conmemorar esta gesta como se merece.

En cuanto a la llegada de los españoles a México al mando de Cortés, la cosa cambia tristemente bastante. El ministro de Cultura español, preguntado por la ausencia de conmemoración de estos hechos en la agenda pública, manifestó que “en México este tema es complicado”, teniendo que echarle un cable Borrell al afirmar que algo se haría, pero sin concretar ni qué ni cómo ni cuándo.

Entran aquí todos los prejuicios, leyendas negras asumidas como verdades, el miedo a molestar, la piel de fumar, las desmedidas vergüenzas propias por lo que sucedió hace 500 años, el temor a poner en valor lo mucho de bueno que supuso la conquista de México, etc.

Hernán Cortés

Retrato de Hernán Cortés

Miren ustedes, precisamente por ser complicado este tema en México como adujo el todavía ministro de Cultura, más empeño debería poner aún el gobierno de España para estrechar lazos con aquél país hermano con el que comparte cultura, idioma y 300 años de una historia común en el que su territorio formó parte España.

A ambos lados del océano hay multitud de historiadores e investigadores serios sobre la enorme figura y empresa que protagonizó Hernán Cortés. Simplemente, es cuestión de voluntad conmemorar esta efeméride -500 años no se cumplen todos los días- para recordar, alejados de prejuicios y versiones maniqueas e impregnadas de ideologías actuales, lo que fue y supuso el encuentro entre aquellos dos mundos tan diferentes entre sí. ¿Con sus luces y sus sombras? Por supuesto, claro que sí, como no podía ser de otra manera.

Valdría mucho la pena hacer un esfuerzo importante para arrojar algo de luz sobre un episodio siempre tan manipulado y a la vez desconocido por la mayoría. Si se hiciera, se podrían comenzar a superar viejas rencillas, rencores absurdos y versiones interesadas sin rigor de lo que ocurrió hace 500 años.

La lástima es que no hay voluntad real, nos da miedo, vergüenza, no queremos molestar,… En fin, llegados a este punto me pregunto cómo harían ingleses o franceses si Hernán Cortés hubiera nacido en Inglaterra o el país galo. Es fácil suponer que todo sería muy diferente.

Escribo estas líneas cuando se acaban de convocar Elecciones Generales en España. No sé quien las ganará y quien o quienes gobernarán finalmente este país –como para hacer quinielas está el patio- Mi única esperanza es que el gobierno que se constituya le dé una vuelta a su política cultural y de acción exterior para incluir a Hernán Cortés en su planes. En 1519 Cortés llegó a México por primera vez y hasta 1521 no conquistó definitivamente Tenochtitlán, la capital mexica. Hay tiempo para recordarlo todavía.

Confío en ello, aunque, para serles sinceros, no mucho… esto es España.

La dramática despedida de las naos Trinidad y Victoria

vueltaalmundoCuanto más leo más me apasiona la tremenda aventura de la expedición hacia la Especiería o el Maluco protagonizada por Magallanes, Elcano y unos 240 intrépidos marineros que acabó, tras tres años de mil penalidades, con un puñado de supervivientes dando la primera vuelta al mundo; una gesta sin parangón. Aquella larga singladura comenzó en 1519 y quiero sumarme al homenaje y recuerdo que se debe a aquellos hombres con unas breves líneas sobre alguno de aquellos pasajes que vivieron. Hoy me centro en la dramática despedida entre los marineros de la nao Trinidad y los de la nao Victoria.

Nos situamos en diciembre de 1521. Isla de Tidore, en las Molucas. Han pasado ya dos años desde su partida de San Lúcar y los poco más de cien hombres que quedan vivos han cargado la Trinidad y la Victoria con el máximo de quintales posibles de las anheladas especias, sobre todo de clavo. También, lógicamente, de víveres y agua. Atrás quedan los infortunios, la muerte de Magallanes y de otros muchos en lucha desigual contra nativos en Mactán (Filipinas), la durísima travesía del Pacífico en la que los hombres fueron cayendo uno tras otro víctimas del hambre y el escorbuto, el complicado paso del estrecho anhelado, la deserción de la San Antonio, las tormentas y el frío extremo, el motín en San Julián, el naufragio de la nao Santiago,…

Al fin, partían hacia España, aunque no lo harían todos…

¿Qué ocurrió? Cuando todo estaba aparejado y listo para partir con la ayuda de los naturales de aquellas tierras, la nao Trinidad dijo basta. Sus cuadernas maltrechas daban paso a una vía de agua de importancia. La vuelta era imposible, al menos de momento. Entonces se decidió que la Victoria emprendería el regreso con su cargamento de clavo, continuando hacia el oeste aprovechando los favorables vientos de aquella época del año, mientras la Trinidad sería reparada con ayuda de los indios y emprendería su regreso más tarde hacia el este, hacia la Nueva España.

Así narró el cronista Pigaffetta aquél momento clave y dramático, en un relato que emociona al imaginar la sentida despedida entre los que tenían que quedarse en aquella isla y los que ya tornaban hacia su patria…

            “… tuvimos que esperar a que nos trajesen las cartas que nuestros camaradas que se quedaban en las Malucco mandaban a España… los barcos se despidieron con una descarga recíproca de la artillería; nuestros compañeros nos siguieron en su chalupa tan lejos como pudieron, y nos separamos, al fin, llorando”

Buf, tremendo pasaje… Imagínense, han pasado dos años desde su partida de España. Han sobrevivido a mil peligros y contratiempos, han hallado las ricas islas de la Especiería, cargado las naos hasta el tope y ven su vuelta posible y cercana, cuando el destino les juega una nueva mala pasada. Cincuenta y tres hombres tuvieron que permanecer en la isla de Tidore mientras despedían a “cuarenta y siete europeos y trece indios”  que emprendían el retorno deseado al mando de Elcano.

¿Qué pasó después? Mil cosas y otros mil infortunios… Les contaré otro día con más calma pero déjenme adelantarles que no fue fácil, ni mucho menos, el regreso a España de ambas naos. De hecho, la Trinidad nunca llegó y sólo 4 hombres de aquellos cincuenta y tres que se quedaron en la isla de Tidore en diciembre de 1521, despidiendo entre lágrimas a sus compañeros de la nao Victoria, consiguieron regresar a Europa años después tras ser sometidos a trabajos forzados y prisión por los portugueses. Gonzalo Gómez de Espinosa y Ginés de Mafra dejaron textos que ponen la piel de gallina, narrando sus penalidades.

En cuanto a la nao Victoria al mando del guipuzcoano Juan Sebastián de Elcano, siguió rumbo oeste y, tras hacer escala en Timor, surcó el inmenso océano Índico navegando siempre alejados de la costa para evitar ser avistados y apresados por los portugueses. Tras doblar el cabo de Buena Esperanza y remontar el continente africano, escapó de manos lusas en las islas de Cabo Verde –donde fueron apresados trece de sus hombres- y el 06 de septiembre de 1522 tan sólo dieciocho supervivientes llegaron al fin a San Lúcar de Barrameda.

Gracias a la Providencia, entramos el 06 de septiembre en la bahía de   San Lúcar, y de sesenta hombres que componían la tripulación cuando salimos de las islas Malucco, no quedábamos más que diez y ocho, la mayor parte enfermos. Los demás, unos se escaparon en la isla de Timor, otros fueron condenados a muerte por los crímenes que     cometieron, y otros, en fin, perecieron de hambre.” (Pigaffetta).

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Cuadro que representa el retorno de los dieciocho supervivientes en la nao Victoria. (Autor: Elías Salaverría)

Emociona de igual manera leer la carta enviada por Elcano al emperador Carlos el mismo día 06 de septiembre de su llegada a San Lúcar. En ella recuerda a los trece hombres que tuvo que dejar en Cabo Verde para escapar con el resto hacia España, pide ayuda para rescatarlos y, sobre todo, destaca el hecho de haber circunnavegado el mundo, del este hacia el oeste.

“… estando flacos como jamás hombres estuvieron, con la ayuda de Dios e Santa María, pasando los tres años llegamos. Y por tanto, suplicamos a tu Alta Majestad que provea al Rey de Portugal por los trece hombres que tanto tiempo tienen servido. Más sabrá tu Alta Majestad lo que en más avemos de estimar y tener es que hemos descubierto e redondeado toda la redondeza del mundo, yendo por el oçidente e veniendo por el oriente.”

Esta inmensa aventura de exploración, protagonizada por hombres intrépidos que afrontaron mil peligros y penalidades, cambió las dimensiones y conocimiento del mundo y constituyó sin duda la primera globalización, ya que unió a través de las aguas a Europa, América y Asia.

Conmemorémoslo como merece en este 2019 y hasta el 2022. Yo, humildemente, así lo haré, contándoles algunos de los pasajes de aquella tremenda gesta… Les sugiero de nuevo visitar la web de referencia www.rutaelcano.com

 

Ciudad de los Reyes

Aunque será el día 18 de enero cuando Lima celebre los 484 años desde su fundación por Francisco Pizarro y sus hombres en 1535, la capital del Perú recibió entonces el nombre de ciudad de los Reyes, dada la proximidad de su fundación con la fiesta de la Epifanía.

Aunque algunos investigadores sostienen que la ciudad de los Reyes fue llamada así en honor del emperador Carlos y su madre la reina Juana, el escudo otorgado en Valladolid el 07 de diciembre de 1537 por cédula real parece apuntar claramente a su vinculación con la conmemoración de la adoración de los Reyes Magos a Jesús.

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Como verán en la imagen, sobre fondo azul se representan tres coronas y en el centro una estrella de oro con la punta inferior alargada y que toca con sus puntas las coronas, lo que potencia la idea de la estrella que guía a Belén a los tres reyes magos. Sobre el escudo aparecen las iniciales «I» y «K», Ioana y Karolus, los nombres de la reina de Juana de Castilla  y su hijo, el emperador Carlos. Sobre las letras se sitúa una estrella y dos águilas coronadas sujetan el escudo. La divisa “Hoc signum vere regum est”, “Este es el verdadero signo de los reyes”, también apunta a la estrella como eje central del escudo.

Jauja, fundada por los españoles apenas unos meses antes en su camino hacia la conquista de Cuzco, se encontraba a más de 3.000 metros de altitud, a más de cuarenta leguas del mar y era “tierra fría y de muchas nieves, así como de falta de leña”, lo que hacía muy duro el suministro constante de productos alimenticios y de otro tipo para su mantenimiento por parte de los indios. Así que el 29 de noviembre de 1534 se decidió buscar un nuevo lugar cercano a la costa, de clima más templado, para comunicarse también más fácilmente por mar con Panamá.

Tal decisión fue tomada de una manera muy democrática para aquellos tiempos, lo que no deja de llamar la atención y deshacer algunos mitos oscuros sobre el conquistador extremeño. Se reunieron los vecinos y todos estuvieron de acuerdo, tal y como recogen las actas del Cabildo, para buscar el mejor lugar para la nueva ciudad, en los llanos, cerca de la costa. Finalmente, Francisco Pizarro comisionó a tres de sus hombres de confianza, Ruy Díaz, Juan Tello y Alonso Martín, para que exploraran el valle del cacique de Lima y dieran con el mejor asentamiento para fundar la ciudad.

El 13 de enero regresaron los enviados por el gobernador y manifestaron haber dado con la mejor ubicación en las tierras del valle de Lima. Todos ellos destacaron su mejor clima, abundancia de leña, agua, cultivos, buenos aires y cercanía al mar como las cualidades para fundarse la que sería la capital del Perú. Visto el informe de sus hombres, el 18 de enero de 1535 Francisco Pizarro

“…mandaba y mandó que se llame desde agora y para siempre jamás la ciudad de los Reyes, el qual hizo y pobló en nombre de la santísima trinidad, padre, hijo e espíritu santo, tres personas e solo un Dios verdadero…”.

El 22 de enero, se nombraron los primeros alcaldes y regidores de la ciudad de los Reyes. Como alcaldes fueron nombrados Nicolás de Ribera –uno de los 13 de la Fama que cruzaron la raya trazada por Pizarro en la isla del Gallo- y Juan Tello, otro de sus hombres de confianza. Comenzaba a escribirse la historia de la ciudad de los Reyes, tiempo después más conocida como Lima por su semejanza con el vocablo nativo que denominaba aquellas tierras.

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Estatua ecuestre de Francisco Pizarro, Lima. Año 2002. (Foto del autor).

Escribo estas líneas y no puedo evitar recordar mi viaje al Perú en el año 2002. Por aquél entonces pude todavía ver y fotografiar la estatua ecuestre de Francisco Pizarro, fundador de la ciudad de los Reyes, la actual Lima. Similar a la que se encuentra en Trujillo, se hallaba en una pequeña plazoleta de la plaza de Armas de la capital peruana, junto al palacio de gobierno, antigua sede los virreyes. No había sido este su emplazamiento original, ya que cuando se instaló en 1935 se dispuso en el atrio de la catedral hasta 1952, pero al menos se encontraba en la plaza de Armas y tenía una gran visibilidad, muy cercana a la catedral donde están los restos del conquistador extremeño.

Al año siguiente de mi viaje fue retirada de este lugar y en 2004 se reubicó la estatua ecuestre, ya sin su pedestal original, en un parque de la zona de la muralla, mucho más oculto al público y a los miles de turistas que visitan el centro histórico de Lima cada año.

Ya saben cómo está el patio… Sólo espero que en breve no yazca en algún almacén el que, con sus luces y sombras, es el padre del Perú actual, al igual que Hernán Cortés lo es del México que hoy conocemos.

 

Juan y Pablo, los patagones de la primera vuelta al mundo

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A finales de mayo de 1520, la expedición hacia la Especiería comandada por Magallanes se hallaba casi intacta, con sus más de doscientos treinta hombres a bordo tras superar algunos incidentes. Habían costeado Brasil y ahora habían fondeado en una bahía para refugiarse del mal tiempo y del frío que se cernía sobre ellos tras continuar rumbo sur y acercarse el temible invierno austral. Se hallaban ya en la costa de la actual Argentina y llamaron a ese lugar la bahía de Santa Lucía. Entonces, se produjo el encuentro…

Un  día, cuando menos lo esperábamos, un hombre de figura gigantesca se presentó ante nosotros. Estaba sobre la arena, casi desnudo, y cantaba y danzaba al mismo tiempo, echándose polvo sobre la cabeza. El capitán envío a tierra a uno de nuestros marineros, con orden de hacer los mismos gestos, en señal de paz y amistad… Dio muestra de gran extrañeza al vernos, y levantando el dedo, quería sin duda decir que nos creía descendidos del cielo.”

Quien así nos describe a este hombre es Antonio Pigafetta, cronista italiano de la expedición y quien dejó una completa relación de aquella aventura que duró más de tres años y que supuso circunnavegar el mundo por primera vez. Él fue uno de los 18 hombres que sobrevivieron a tan tremenda aventura. Continúa dándonos más detalles sobre el aspecto de aquél sujeto…

Este hombre era tan grande que nuestra cabeza llegaba apenas a su cintura. De hermosa talla, su cara era ancha y teñida de rojo, excepto los ojos, rodeados con un círculo amarillo, y dos trazos en forma de corazón en las mejillas. Sus cabellos, escasos, parecían blanqueados con algún polvo. Su vestido, o mejor dicho, su manto estaba hecho de pieles muy bien cosidas, de un animal que abunda en este país… este animal tiene cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y cola de caballo; relincha como este último…”

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Guanaco del cono sur. (Foto del autor).

No sé si habrán adivinado que el animal así descrito es el guanaco, efectivamente muy presente por aquellas latitudes y aún más al sur. Suponían el principal sustento alimenticio de aquellas gentes y de él aprovechaban las pieles para protegerse del frío y confeccionarse mantos y una especie de mocasines. Los españoles, portugueses y demás hombres que vieron a aquél gigante no daban crédito y le trataron bien desde el principio por indicación de Magallanes. Le regalaron un espejo, objeto por él desconocido… “veía por primera vez su figura, retrocedió tan asustado que derribó a cuatro de nuestros hombres que le rodeaban”. También le ofrecieron cascabeles, un peine y cuentas de vidrio.

Pronto se juntaron otros hombres y mujeres de aquellas latitudes en la orilla y también se les invitó a subir a bordo. Pigafetta nos deja una descripción muy curiosa de las mujeres y de su belleza o ausencia de ella más bien…

Las mujeres no son tan grandes como los hombres, pero en compensación, son más gordas. Sus tetas, colgantes, tienen más de un pie de longitud. Van pintadas y vestidas del mismo modo que sus maridos, pero se tapan sus partes naturales con una piel delgada. Nos parecieron bastante feas, sin embargo, los maridos mostraban estar muy celosos.”

Tras este primer encuentro con aquellas gentes tan extrañas a ojo de los occidentales y viceversa, hubo otros en días posteriores. Siempre de manera amistosa, se intercambiaban comida y objetos e incluso a uno de ellos se le enseñó a pronunciar el nombre de Jesús, recitar el padrenuestro,… siendo bautizado con el nombre de Juan. Sin embargo, pronto la situación se tornó más tensa al querer Magallanes llevar a varios de ellos consigo para continuar la travesía y poder llegar con esos extraños seres a España, capturando finalmente a dos de ellos.

¿Qué pasó con aquellos dos hombres a los que Magallanes denominó patagones, por sus grandes pies? Los barcos zarparon en agosto de la bahía Santa Lucía que les había servido de refugio durante varios meses. Con ellos a bordo, uno en la San Antonio y otro en la Trinidad, continuaron rumbo sur hasta llegar el 21 de octubre de 1520 al que denominaron cabo de las Once mil Vírgenes, entrada al estrecho tan deseado que comunicaba ambos océanos, aunque entonces todavía no lo supieran.

En la fase de exploración de aquellos canales que se abrían por aquellas aguas en busca de una salida, la nao San Antonio, al mando del portugués Esteban Gómez, decidió desertar y regresar a España, llevando en su bodega a uno de los patagones. Pigafetta nos cuenta sobre él que no llegó a España vivo… “supimos a nuestro regreso que murió al acercarse a la línea equinoccial por no poder soportar el calor”.

Tras la deserción de la San Antonio y el naufragio previo de la Santiago, tres naos cruzaron el estrecho y dieron con la Mar del Sur de Balboa: la Trinidad, la Victoria y la Concepción. Magallanes dio el nombre de océano Pacífico a aquellas aguas, tras hallarlas muy calmadas después de sufrir tremendas tormentas y tempestades en los días anteriores. El Estrecho de Magallanes era un hecho, habían descubierto el anhelado paso entre ambos océanos para poder continuar la singladura hacia el Maluco navegando hacia el oeste.

¿Qué fue del otro patagón? De nuevo el cronista Pigafetta nos deja más detalles sobre el patagón a bordo de la Trinidad y de su postrero fin en aquellos días de descubrimiento y exploración…

Durante el viaje entretuve lo mejor que pude al gigante patagón que llevábamos en nuestro navío, y por medio de una especie de pantomima le preguntaba el nombre patagón de muchos objetos, de manera que llegué a formar un pequeño vocabulario… Cuando se sintió en las últimas en su postrera enfermedad, pidió la cruz, la besó y nos rogó que le bautizáramos, lo que hicimos, poniéndole el nombre de Pablo”.

En fin, esta es la breve y triste historia de aquellos dos patagones, de aquellos gigantes de más de dos metros de altura, los bautizados como Juan y Pablo

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Junto a mi hija, en Punta Arenas, cumpliendo con la tradición.

Escribiendo estas líneas he evocado mi viaje de hace justo un año por aquellas latitudes, tan lejanas y espectaculares. La ciudad chilena de Punta Arenas, cosmopolita y abierta, americana y europea, es el centro neurálgico del Estrecho de Magallanes. En su plaza principal, una gran estatua del navegante portugúes otea el horizonte mientras a sus pies se encuentra la monumental figura de un  patagón. Todo aquél que visita este lugar y quiere regresar debe tocar y besar el enorme pie del indio. A tenor de cómo está el pie citado muchos seremos los que quizás volveremos por estas tierras… ¡Ojalá!

Prestos a conmemorar como se merecen los 500 años del descubrimiento del Estrecho de Magallanes les recomiendo visitar la web www.rutaelcano.com No dejen de consultarla si quieren conocer mejor aquellos hechos de una manera didáctica y consultar las principales fuentes que narran aquella extraordinaria aventura. Desde estas líneas, le mando a su creador mi más sincera enhorabuena.

Diez claves sobre «Conquistadores olvidados»

portadaComo algunos de ustedes ya conocen, acaba de ver la luz mi nuevo libro “Conquistadores olvidados. Personajes y hechos de la epopeya de las Indias”. Sin alargarme en exceso ni destripar en demasía lo que en sus páginas contiene sí que me gustaría darles diez claves sobre lo que van a encontrar en él, esperando con ello despertar sus ganas de leerlo…

1.- Este blog, “Historias de América”, está en el origen del libro, ya que he retomado algunas de las historias aquí esbozadas con anterioridad para ampliarlas y plasmarlas en el libro, documentándolas con un mínimo de rigor exigible. Además, incluyo otras inéditas.

2.- “Conquistadores olvidados. Personajes y hechos de la epopeya de las Indias” es un libro de Historia o, si lo prefieren, de historias. Independientes entre sí, los 22 capítulos reflejan la realidad de lo que vivieron conquistadores y otros personajes que hoy casi nadie recuerda. Además, también rescato algunos acontecimientos que he conocido y que han llamado especialmente mi atención. Todo ello de una manera espero que amena y también breve (cada capítulo merecería un libro).

3.- Documento estos capítulos con fuentes primarias cuando es posible –textos que nos dejaron escritos sus protagonistas o quienes les conocieron- y secundarias -documentos y bibliografía-.

4.- Hay miles de historias sobre el Descubrimiento y Conquista de América. Mi libro recoge algunos de esos episodios y personajes que hoy yacen en el olvido y que vivieron hechos extraordinarios en aquél Nuevo Mundo tan lejano, fascinante y también lleno de peligros.

5.- Lógicamente, mi pasión por la Historia y, en concreto, por el encuentro entre dos mundos tan diferentes y su realidad a lo largo de los tres siglos en los que buena parte de América formó parte de España me han incitado a leer, investigar, escribir y plasmarlo en este libro.

6.- Si aquellos hechos hubieran sido protagonizados por ingleses o franceses los tendríamos hasta en la sopa y se contarían de manera muy diferente a lo que se hace ahora. Aquí, o los obviamos directamente o los demonizamos sin rigor, esa es la triste realidad.

7.- Es un libro sin prejuicios ni vergüenzas. Invito al lector inteligente a acercarse a él de la misma manera. Todo es mucho más complejo de lo que nos han contado y, en muchos casos, hemos asumido como verdad absoluta.

8.- Con sus luces y sus sombras, como no podía ser de otra manera, aquellos hombres y mujeres vivieron infinidad de aventuras y desventuras, protagonizando auténticas hazañas y también hechos abyectos. Sólo aspiro a recordarlos.

9.- Escribo sobre Gonzalo Pizarro, Bernal Díaz del Castillo, Alonso de Ercilla, la monja alférez, Lope de Aguirre, Luis de Velasco,… pero también sobre cómo se celebró en el México virreinal el triunfo en la batalla de Lepanto o cómo escribían a sus esposas y familiares aquellos primeros indianos del siglo XVI.

10.- Les recomiendo leer con atención el prólogo, lo último que se escribe de un libro y, a menudo, lo que nunca se lee. Háganlo, en esas páginas hago algunas reflexiones sobre lo que supuso algo que sin duda cambió la Historia de la Humanidad.

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Hoy, por diferentes motivos, apenas se recuerda este episodio clave en la Historia de España, de América y del Mundo. Y cuando se menciona, suele hacerse para denigrarlo, dominado como sigue por una poderosa leyenda negra que todo lo envuelve por razones ideológicas ajenas al más mínimo rigor con el que deberíamos todos aproximarnos a lo que comenzó hace ya más de 500 años, tratando de comprender y sin juzgar con nuestra mentalidad del siglo XXI…

“Conquistadores olvidados. Personajes y hechos de la epopeya de las Indias” está ya a la venta y lo pueden encontrar o pedir en las principales librerías. Ahora que se acercan las fiestas navideñas, no se me ocurre un mejor regalo para sus familiares y amigos… jajaja, pero qué les voy a decir yo…

Gracias a todos y un abrazo.

Aquellos hombres de Trujillo…

Pasear por la monumental ciudad extremeña de Trujillo es un deleite para los sentidos. Sus calles, plazas, iglesias, castillo, murallas, palacios y rincones hacen que el visitante disfrute cada minuto que se pierde por este lugar cargado de historia y cuna de personajes ilustres. Trujillo es un pedazo de la Historia de España y también de la de América, ya que de este pueblo y su comarca partieron muchos de aquellos conquistadores hacia América en busca de una nueva vida.

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Estatua de Francisco Pizarro. (Foto del autor).

Francisco Pizarro, su hijo más recordado, vino a España en 1529 para mostrar al emperador las futuras riquezas que prometía el Perú y obtener su gobernación y mercedes para él y sus hombres. Estaba a punto al fin de comenzar su tercer intento de conquistar el Perú, el que sería definitivo. ¿Qué hizo antes de regresar a América? Visitar su Trujillo natal para convencer y  enrolar en su expedición a familiares y paisanos. Así lo hizo, sumando a sus huestes a sus medio hermanos Hernando, Gonzalo y Juan además de a otros cincuenta hombres de su pueblo y de otras aldeas cercanas, el núcleo duro del futuro conquistador del Perú, sus hombres de mayor confianza. Por supuesto, una vez derrotado el imperio Inca y llegado el eco de sus riquezas a España, muchos más emigraron años después a probar fortuna.

Cuando se visita la espectacular iglesia de Santa María la Mayor uno se da cuenta del peso de los trujillanos en las Indias. Tumbas y sepulcros de las familias Pizarro, Altamirano, Orellana, Hinojosa, Chaves, García de Paredes,… se suceden por doquier, apellidos que fueron muy importantes al otro lado del océano, perpetuándose muchos de ellos.

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Busto de Francisco de Orellana. (Foto del autor).

De Trujillo era también Francisco de Orellana, familiar de los Pizarro, quien había viajado a América muy joven. Unido su destino al de los hermanos a partir de 1535, su fama se debe al haber descubierto y navegado durante varios meses el río Amazonas hasta su desembocadura en el océano Atlántico. Este hecho, como tantos otros, sucedió por casualidad ya que él se había sumado a la expedición de Gonzalo Pizarro en busca del país de la Canela. Si quieren recordarlo, escribí hace un tiempo sobre ello… https://wp.me/p485gT-P

Otro trujillano fue el primer obispo de Lima, fray Jerónimo de Loayza, y otro más, Diego García de Paredes, hijo ilegítimo del homónimo soldado invencible más conocido como el “Sansón extremeño”, participó en la célebre celada de Cajamarca tendida a Atahualpa y fue el fundador dos décadas después de la ciudad de Trujillo en Venezuela. Por cierto, la vida de este tipo, opacada por la de su padre y las leyendas que éste arrastra, es impresionante. Luchó en Europa y en América, fundó varias ciudades, participó y sobrevivió a la fallida exploración del Amazonas por parte de Orellana y veinte años después capturó y mandó decapitar al rebelde Lope de Aguirre.

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Palacio de Juan Pizarro Orellana. (Foto del autor).

No me alargo mucho más, podría continuar citando a unos cuentos más. Sólo quiero encomendarles que visiten el palacio de Juan Pizarro de Orellana, primo de Francisco Pizarro. También estuvo en Cajamarca, hizo fortuna y regresó a España, reformando el palacio que hoy se puede admirar, al menos su portada y su patio renacentista. Hoy es un colegio pero si se asoman al interior una amable y anciana monjita les mostrará el citado patio interior, una maravilla más un tanto escondida de la monumental Trujillo. Por cierto, aquí se alojó un tal Miguel de Cervantes cuando peregrinaba a Guadalupe para dar gracias a la Virgen por su rescate de Argel…

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Escudo de los Pizarro. (Foto del autor).

Recomiendo también caminar por sus calles y plazas con calma, en diferentes horas del día y también de la noche, ya que la luz juega con maestría y le hará despertar nuevas sensaciones e imaginar hechos y personajes históricos en cada recodo al pasear por su empedrado.

Los Trujillos que en América hay (Perú, Venezuela, Honduras,…) beben del Trujillo extremeño, de aquél pueblo del que partieron muchos en pos de la aventura, la fortuna y la gloria. Algunos las alcanzaron, otros muchos no y hoy, casi todos, yacen en el olvido…

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Palacio de la Conquista. (Foto del autor).

Encuentro en París…

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El conde de Aranda (1719-1798).

En aquél frío anochecer de finales de 1776, don Pedro Pablo Abarca de Bolea, conde de Aranda y embajador de España en París, aguardaba impaciente una visita muy especial. El encuentro debía realizarse con la máxima discreción, dada la procedencia de sus visitantes y la comprometida situación en la que quedaría España si aquélla cita salía a la luz pública, en especial si llegaba a conocimiento de los ingleses.

Pese a su experiencia diplomática, el carácter secreto de esta entrevista le tenía particularmente nervioso, así como el hecho de no saber mucho sobre sus interlocutores, salvo lo que había oído sobre el más famoso de ellos: Benjamin Franklin. Hombre hecho a sí mismo, leído y viajado, era conocido por sus diversos descubrimientos y aportaciones científicas, conferencias y artículos publicados. Un hombre ilustrado, como el propio Aranda, aunque muy diferente en sus principios y concepciones políticas.

  • “Todo un personaje ese Franklin –musitaba el conde de Aranda mientras apuraba un habano en su biblioteca-, un tipo inteligente, polifacético y carismático, sin duda”.

Benjamin Franklin, Silas Deane y Arthur Lee eran los emisarios a los que esperaba un inquieto Aranda. El Congreso de Filadelfia del 26 de septiembre de 1776 les había enviado a Europa para defender su causa, recabar el reconocimiento de los Estados Unidos y conseguir lo más urgente, mayor ayuda financiera y una directa implicación militar de las potencias europeas para tener posibilidades reales de vencer en la ya declarada guerra abierta.

Se habían dirigido a París para recabar el apoyo de Francia y, de paso, tantear a España por medio de su embajador. Dicha elección no era casualidad, para tener posibilidades de derrotar a la poderosa Inglaterra, debían ganarse el apoyo de las dos grandes potencias del viejo continente que podían decantar la balanza a su favor.

Ambas naciones, aliadas por los Pactos de Familia, tenían muchas cuentas pendientes con los ingleses, algunas muy frescas en la memoria… La Guerra de los Siete años (1756-1763) les había supuesto una derrota en toda regla. Francia había sido humillada al perder el Canadá y la Luisiana -siendo prácticamente echada de América salvo algunas pequeñas islas en el Caribe que pudo conservar- mientras que España quería recuperar Gibraltar, Menorca y Florida, en manos inglesas.

El Conde de Aranda apuraba su habano, repasaba sus notas y recordaba como hace pocos meses, antes de que los Estados Unidos proclamaran unilateralmente su independencia (4 de julio de 1776), él ya había escrito desde París para que España ayudara a los colonos.

Así se había hecho, Francia y España habían financiado con un millón de libras tornesas cada una los fusiles, cañones, uniformes, plomo, tiendas de campaña y algunos oficiales para instruir a las milicias… El objetivo era debilitar a los ingleses en una guerra que se alargara pero sin entrar directamente en ella, de ahí el carácter confidencial de aquél encuentro. España no quería provocar a Inglaterra y entrar en guerra, no al menos de momento…

Poco después de las ocho de la noche, tres sombras bajaban del coche de caballos y salvaban un gran charco para alcanzar con paso firme el zaguán de la residencia del embajador español en París.

  • Toc, toc, toc, toc, toc. (los cinco golpes convenidos)

Aranda, ensimismado en sus pensamientos sobre la reunión y el papel que debía jugar en ella –sobre todo escuchar y sacar información sobre el devenir de la causa de aquellos Estados Unidos-, se sobresaltó y apagó con rotundidad el habano en el cenicero de plata.

Se apresuró a abrir para hacerles entrar con celeridad, echando un vistazo a ambos lados de la calle para cerciorarse de que nadie había seguido a sus visitantes. Sin mayores preámbulos les condujo hasta la biblioteca donde podrían hablar tranquilos. En aquél palacete de tres plantas, sólo su esposa se encontraba en su gabinete de la segunda planta. No quería testigos incómodos y todo el servicio tenía la noche libre…

  • Mister Aranda, nice to meet you. Let me introduce you to Mr. Dean and Mir. Jale, my colleagues in this mission…
  • Excuse moi, mister Franklin…

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Benjamin Franklin (1706-1790).

Aquél encuentro no iba a ser fácil. Aranda, curtido diplomático, hablaba bien francés pero no inglés, todo lo contrario que Franklin. Los otros dos apenas contaban ni intervinieron; Dean no sabía casi francés y Lee ni pajolera idea. Hablar en español tampoco era una opción.

Chapurreando el inglés Aranda y el francés Franklin, a veces escribiendo pequeñas notas y otras interpretando las palabras y gestos del contrario, Aranda y Franklin, se tantearon mutuamente y acabaron entendiéndose, al menos en lo fundamental.

Tras ese primer encuentro y otros celebrados en 1777 –ya con traductor- Aranda escribió a la Corte exponiendo su convencimiento de la futura grandeza de aquellos Estados Unidos, la oportunidad de establecer relaciones de amistad dadas las posesiones españolas en América y el apoyo que España debía darles sin reservas en la guerra contra Inglaterra.

Pese al entusiasmo de Aranda, en Madrid se mantenía una prudente distancia. La ayuda española continuó de manera indirecta y encubierta, enviándose armas, mantas, quinina y pertrechos a través de Francia, España y desde la América española- La Habana y Nueva Orleans-. España sólo entró en guerra en 1779, a rebufo de Francia, aunque dicha intervención jugó un papel decisivo para decantar la contienda.

En 1783, reconocidos los Estados Unidos por Inglaterra y recuperadas Menorca y la Florida para España –no así Gibraltar que ahí sigue- el conde de Aranda escribía desde París una vez pasado su fervor inicial por aquella nueva nación, avisando de su inquietante papel hegemónico en el futuro.

  • “Esta república federal nació pigmea por decirlo así, y ha necesitado del apoyo y fuerzas de dos estados tan poderosos como España y Francia para conseguir la independencia. Llegará un día en que crezca y se torne gigante y un coloso temible en aquellas regiones. Entonces olvidará los beneficios que ha recibido de las dos potencias, y sólo pensará en su engrandecimiento…”.

Mateo Alemán, el «bestseller» que murió pobre en la Nueva España…

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Mateo Alemán (Sevilla, 1547 – México, 1614).

Mateo Alemán (Sevilla, 1547 – México, 1614) es un personaje sumamente atractivo que hoy casi nadie recuerda. Este sevillano judeoconverso escribió el primer gran “bestseller” de la literatura del siglo de Oro, alcanzando un éxito brutal con su “Guzmán de Alfarache”, novela picaresca que se difundió muy pronto masivamente por España y por Europa. Sin embargo, su origen, las envidias, sus negocios turbios, las deudas y otros factores hicieron que se embarcara hacia las Indias y que muriera pocos años después, pobre y olvidado, en la capital de la Nueva España

Con Miguel de Cervantes le unen varias coincidencias y muchos ven en el “Guzmán de Alfarache” una influencia decisiva en la inmortal novela que dio vida al ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha. Ambos autores nacieron el mismo año, 1547, los dos estuvieron presos en Sevilla por las mismas fechas –puede que hasta se conocieran en su cautiverio-, publicaron sus novelas en dos partes (Mateo Alemán en 1599 y 1604; Cervantes en 1605 y 1615) y ambos vieron con enojo como veían la luz versiones apócrifas de sus novelas entre ambas entregas.

Un último factor que les une es que los dos pidieron licencia para pasar a las Indias. Cervantes lo intentó en dos ocasiones sin conseguirlo. Alemán también, una primera en 1582 y la segunda, en 1607, cuando finalmente la obtuvo aunque para ello tuviera que ceder sus propiedades a Pedro Ledesma, secretario del Consejo de Indias, y también sus derechos sobre el “Guzmán de Alfarache” en Castilla y Portugal. Su falta de limpieza de sangre pesó mucho en estas decisiones para que no se le impidiera viajar a las Indias…

La licencia consta en la Casa de Contratación del Archivo de Indias para pasar junto “con sus hijos Francisca, Margarita y Antonio Alaeman, y con su sobrina Catalina Alemán, hija de Juan Agustín de Alemán, todos naturales y vecinos de Sevilla, a Nueva España”. También le acompañaron dos criados. Hoy se sabe que la tal Francisca no era su hija sino su amante Francisca Calderón, con quien llevaba años de relaciones, pues su matrimonio previo con Catalina de Espinosa había sido un mero trámite de extrema necesidad para saldar unas deudas y evitar la cárcel.

Pese al fulgurante éxito de su novela, Mateo Alemán no se benefició más que de una ínfima parte debido a su origen, sus pleitos, deudas y negocios poco claros, llevándose la mayor parte del caudal los impresores, tanto españoles como europeos que tradujeron su obra con celeridad y sin su permiso a los principales idiomas (italiano, francés, alemán, inglés,…). El tema del respeto a la autoría no se seguía mucho en aquellos tiempos…

Su decisión de trasladarse a la Nueva España junto a su amante e hijos quizás se debió a su hartazgo de Sevilla y las sombras que siempre se cernían sobre él por su origen y condición, la usurpación de su principal obra y, finalmente, el deseo de vivir tranquilo junto a sus seres queridos en aquél Nuevo Mundo, huyendo de un pasado muy agitado y de un matrimonio de conveniencia.

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Fray García Guerra, arzobispo (1608-1612) y virrey (1611-1612) de la Nueva España

En la flota que finalmente le llevó a América en 1608 coincidió con Fray García Guerra, quien viajaba como nuevo arzobispo de México y con él que trabó una fluida relación de amistad.

De hecho, Fray García Guerra se convirtió en su protector, primero como arzobispo y luego como virrey, aunque fuera por poco tiempo. En 1611 asumió el cargo de virrey tras la marcha a Madrid del veterano Luis de Velasco, pero la mala fortuna hizo que una fatídica caída del carruaje complicara su salud y acabara con su vida apenas un año después.

No mucho se sabe con certeza de los poco más de cinco años que un sexagenario Mateo Alemán vivió en la Nueva España. Sí que allí publicó su “Ortografía castellana” en 1609 y un par de obras para narrar la trayectoria vital del citado Fray García Guerra y su lastimera muerte.

En 1614, el autor del primer gran “bestseller” de la literatura en castellano moría pobre la ciudad de México. Con una vida agitada y no exenta de claroscuros, el autor del “Guzmán de Alfarache” no fue un héroe por sus hechos de armas pero sí lo fue de las letras en los albores del siglo de Oro.

Termino con una de sus citas más célebres. “Deben buscarse los amigos como los buenos libros. No está la felicidad en que sean muchos ni muy curiosos; sino pocos, buenos y bien conocidos”.

Seguramente ya han adivinado cuál será una de mis próximas lecturas…

Pedro de Candía, el artillero de «los trece de la Fama»

Pedro de Candía es sin duda uno de los personajes más emblemáticos de los “trece de la Fama” por todo lo que vivió y especialmente por su papel clave en la conquista del Perú y sucesos posteriores. Junto a otros doce hombres decidió apostar todo por Francisco Pizarro cuando lo más prudente hubiera sido volver a Panamá desde aquella minúscula isla del Gallo en la que se habían refugiado tras padecer tremendas calamidades.

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Fragmento de las capitulaciones entre Francisco Pizarro y la reina Isabel, esposa del emperador Carlos. 26-07-1529. Aparecen los nombres de los «trece de la Fama». Fuente: PARES, Archivo General de Indias.

¿Era griego? Así lo asegura la historiografía, situando su origen en la isla de Creta, aunque algunos autores lo pongan en duda, pues se casó en Extremadura donde dejó a su mujer tras viajar a las Indias. Lo que sí parece más evidente es que era un experimentado soldado, artillero para más señas, y que se había fogueado convenientemente en el norte de África (Orán, Trípoli) e incluso en la batalla de Pavía (1525).

De fortaleza imponente y alta talla, era de esos soldados que impresionaban al verle con su celada, cota de malla, espada, rodela y arcabuz. Cuando el piloto Bartolomé Ruiz regresó de Panamá con socorro y refuerzos para los “trece de la Fama”, la expedición continuó hacia el sur y dieron con Tumbes, primer asentamiento que les mostró las primeras señales claras de la riqueza y magnitud del imperio inca. Pedro de Candía fue de los primeros en desembarcar e hizo una demostración de fuego con su arcabuz, quedando los naturales impresionados ante el estruendo y poder de aquél artefacto.

Luego acompañó en su viaje a España a Francisco Pizarro en 1529 y narró con elocuencia lo visto en Tumbes y las riquezas que prometía el Perú, contribuyendo así a recabar el apoyo de la Corte y del Consejo de Indias a la definitiva empresa de conquista del capitán extremeño.

Su presencia en Toledo la aprovechó para conseguir algunos nombramientos y ventajas por encima de las recibidas por sus compañeros de fatigas de la isla del Gallo. Así, se le nombró artillero mayor del Perú con salario de 60.000 maravedíes anuales y también regidor de Tumbes. El archivo de Indias también nos dice que obtuvo exención de almojarifazgo –impuesto sobre las mercancías- para él y su mujer además de permiso para llevar dos esclavos negros y un caballo.

Pedro de Candía regresó a Panamá junto a Pizarro y tuvo una destacada participación en la conquista definitiva de los dominios incas. Estuvo presente en Cajamarca junto a unos 170 castellanos que realizaron la celada a las huestes de Atahualpa. Los cronistas de aquellos hechos coinciden en que el estruendo provocado por los disparos de dos falconetes y algunos arcabuces dispuestos por él en la techumbre de un templo de la plaza principal provocó el caos y el pánico entre los incas, factor clave para atrapar al aturdido mandatario.

De hecho, su importante papel entre la tropa y la confianza que en él tenía Pizarro hicieron que en el reparto del botín del célebre rescate de Atahualpa Pedro de Candía fuera uno de los que recibió un mayor lote de oro y plata, sólo por detrás de lo asignado a Francisco Pizarro, Hernando Pizarro, Hernando de Soto y Juan Pizarro. Consta en el reparto oficial consignado por Pedro Sancho de la Hoz en junio de 1533 que al artillero se le pagaron 407,2 marcos de plata y 9909 pesos de oro, una considerable suma.

Candía participó luego en la refundación de Cuzco y fue uno de sus dos primeros alcaldes ordinarios en 1534. En 1536 también combatió en la defensa de dicha ciudad ante al cerco y ataque de Manco Inca. Tras encabezar sin éxito una exploración de conquista de otros territorios del inmenso incario y gastar en ella buena parte de su fortuna, el artillero se vio envuelto como casi todos en las guerras intestinas que se desataron entre almagristas y pizarristas.

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Así representó el asesinato de Francisco Pizarro por parte de Diego de Almagro «el mozo» el cronista indígena Felipe Guamán Poma de Ayala a comienzos del siglo XVII.

Fiel a los hermanos Pizarro, estuvo en su bando frente al de Diego de Almagro pero todo cambió tras el posterior asesinato  de Francisco Pizarro por Diego de Almagro “el mozo” en junio de 1541. Candía, obligado en parte seguro por las circunstancias, se enroló en la tropa de éste quien, ya en abierta rebelión, se oponía a la autoridad de Vaca de Castro, enviado del emperador para poner orden en el Perú.

Al mando de la artillería de Diego de Almagro “el mozo”, dada su valía y experiencia acreditadas, fundió muchos cañones, falconetes y arcabuces para constituir una poderosa arma de artillería y vencer a las tropas de Vaca de Castro.

Así se llegó a la decisiva y sangrienta batalla de Chupas entre ambas fuerzas que tuvo lugar en septiembre de 1542. ¿Qué ocurrió? La poderosa artillería al mando de Pedro de Candía falló estrepitosamente, errando el tiro la mayoría de sus cañones. Todo apunta a que las dudas de última hora sobre su papel en la contienda hicieron que deliberadamente inutilizara un arma tan poderosa a su cargo capaz de desnivelar la contienda en un último intento por congraciarse con la autoridad del enviado del emperador. También puede que simplemente fuera una equivocación en la orientación o ángulo de disparo de los cañones, aunque dado su dominio sobre aquellas armas no parece muy verosímil que cometiera dichos fallos de una manera involuntaria.

El caso es que en plena batalla, al ver Almagro lo que acontecía y la nula efectividad de su poderosa artillería, arremetió al galope y hecho una furia contra su capitán Candía matándole de varias lanzadas al considerar que le estaba traicionando en aquellos momentos decisivos de la lucha.

En esto coinciden todas las crónicas de aquellos hechos y tal parece que fue el trágico fin de uno de los mayores protagonistas de los “trece de la Fama” en la conquista del Perú… Por supuesto, la batalla de Chupas la perdió el bando de Diego de Almagro “el mozo”, siendo ajusticiado con celeridad.