«De mucho más honor merecedora»

Retomo estas píldoras históricas en mi blog para contarles brevemente sobre mi nuevo libro “De mucho más honor merecedora. Doña Aldonza Manrique, la gobernadora de la isla de las perlas”, publicado por SND editores.

Acaba de salir a la venta y ya se encuentra disponible en librerías, plataformas y en la web de la editorial www.sndeditores.com. Por cierto, hasta el domingo 2 de mayo tienen una oferta de lanzamiento con un 15% de descuento si lo compran en dicha web y ponen el código ARVLANZGOB21 en el proceso de compra.

Lo primero de todo es transmitirles la ilusión que le hace al autor el hecho de que vea la luz su nueva obra, producto de innumerables horas de trabajo, búsqueda de documentos de la época, consulta de bibliografía, redacción y revisión del texto. Tengo la fortuna de contar, además, con una prologuista de primera fila, María José Solano Franco, cofundadora de zendalibros.com y responsable de la editorial Zenda Aventuras.

No les voy a destripar aquí todo el libro, no tendría sentido, pero sí que quiero apuntarles algunas claves fundamentales.

No es una novela, lo que se van a encontrar en este libro es una historia real, de esas sobre las que más me gusta escribir, me refiero a aquellas que mucha gente desconoce y nadie o casi nadie ha llevado al papel hasta la fecha. La Historia de España es inabarcable y en ella abundan episodios y personajes por descubrir y por contar. Lo que yo les relato en el presente libro es uno de estos casos.

Doña Aldonza Manrique o doña Aldonza de Villalobos, como ustedes prefieran, existió, nació en Santo Domingo en 1520, fue gobernadora de la isla Margarita desde que era una niña en tiempos del emperador Carlos y tuvo el mando sobre ese pedacito del Caribe hasta su muerte en 1575, bajo el reinado de Felipe II. Fue, por tanto, la primera gobernadora criolla, española nacida en América, del Nuevo Mundo.

Además, gracias a su tesón, gestiones y peticiones, consiguió del segundo monarca mencionado legar su gobernación a su nieto, Juan Sarmiento de Villandrado, último gobernador de esta saga familiar en la isla y muerto trágicamente en 1593, defendiendo precisamente su ínsula.

Aquel escenario caribeño fue siempre especialmente agitado y complejo. A los indios caribes y otras belicosos que se toparon los españoles en las costas de Tierra Firme y en las islas de su entorno, se unieron muy pronto los amigos de lo ajeno extranjeros en busca de botín, piratas y corsarios franceses, ingleses y holandeses que depredaban por allí con frecuencia para robar y saquear todo cuanto pudieran. El principal imán que les atraía hacia aquellas latitudes era, lógicamente, el que ofrecían las riquezas del Nuevo Mundo, metales preciosos y, en concreto en esta zona, las perlas que se daban en abundancia.

Como no podía ser de otra manera, las perlas están muy presente en el libro, sus métodos de extracción, los esclavos empleados para ello, los “señores de canoas”, el control y valor de las piezas, la legislación de la Corona…, pues aquella fue la primera industria o negocio de aquellas latitudes y lo que motivó en buena media que los españoles, después del tercer periplo colombino, por allí volvieran y se asentaran.

Debo asimismo apuntarles que mi libro tampoco es una biografía sobre doña Aldonza, pues es más lo que aún desconocemos sobre ella que lo que, al menos un servidor, ha podido hallar en su investigación, pero sí que su presencia es preeminente en este libro y arrojo algo de luz sobre su vida y gobierno de la isla Margarita.

Una época de exploraciones y expansión española en el Nuevo Mundo, una mujer muy desconocida, perlas, caribes, esclavos, piratas y corsarios impregnan las páginas de “De mucho más honor merecedora. Doña Aldonza Manrique, la gobernadora de la isla de las perlas”.

Por último, decirles que, sin duda, el título hace justicia a su persona, pues doña Aldonza Manrique merece mucha más atención de la que hasta ahora le hemos prestado. Ya lo apuntó un gran cronista de Indias en aquellos tiempos…

Ahora sólo queda que se animen a leer esta historia.

¡Gracias por su interés y apoyo!

Justicia en las Indias: el español condenado a la horca por matar a una india

Ruinas de León Viejo (Nicaragua).

Quiero narrarles una interesante historia, un pleito judicial que tuvo lugar en la ciudad de León, Nicaragua, en 1541. Es un ejemplo de cómo operaba la justicia en primera instancia en las Indias, ejercida por el cabildo ante las alarmantes noticias llegadas sobre un crimen cometido en su área de jurisdicción. Lo llamativo del caso es que el acusado y finalmente condenado a la horca fue un español por haber quemado y matado a una india, tal y como declararon tres testigos principales de tales hechos, tres indios. El comportamiento del acusado terminó de decantar a las autoridades hacia su condena final.

La justicia, antes y ahora, dista mucho de ser aquella dama con una venda en los ojos y que trata a todos por igual sin tener en cuenta la posición social, económica o su relación con el poder de los demandantes o demandados. Eso es una entelequia ilusa. En el Nuevo Mundo, los indios fueron conociendo y asimilando las instituciones españolas y siendo conscientes de los derechos que les concedía el ser, ellos también, súbditos de la Corona. Esto se vio con especial incidencia en materia judicial, ya que pronto comenzaron a pleitear con insistencia para mejorar sus condiciones laborales, denunciar abusos y maltratos ayudados por clérigos y civiles, y, también, demandaron ante las autoridades a encomenderos por las penosas condiciones laborales que sufrían, la incautación de sus tierras o, posteriormente, para reducir su participación en la mita. Pese a las obvias dificultades que tuvieron para ganar dichos pleitos por el bajo lugar que ocupaban en la sociedad, obtuvieron no pocos éxitos en este sentido.

Pero, el tema es demasiado amplio para lo que me ocupa en este artículo, así que me centraré en contarles como transcurrió este proceso penal, sus inicios y desarrollo hasta llegar a su contundente sentencia final.

El 25 de febrero de 1541, en la ciudad de León (Nicaragua), el alcalde mayor y teniente de gobernador Luis de Guebara tenía noticia de que un tal Andrés Medrano “estanciero de Cristóbal García en Çiguina quemó una india hasta que murió e que el cacique porque le reprehendió le dio de açotes e le echó una soga al pescueço para le ahorcar”. Así, pues, ante la gravedad de dicha información, comienza a tomar declaración a los testigos, comenzando por el cacique agredido, llamado Çital.

Ynesica, india ladina -que domina perfectamente el español- ejercerá de intérprete en el cabildo para los testimonios de varios indios en el proceso. El cacique declara que la india se llamaba Soche y que el citado Medrano la ató y la quemó hasta morir y a él le dio una paliza al reprenderle por su acción.

Dos indios más -Guayanolo y Algad- declaran en este mismo sentido y uno de ellos también lo vio con sus propios ojos. Tres testimonios de indios, dos de ellos testigos y uno que lo sabe de oídas, son lo suficientemente claros y coincidentes para que don Luis de Guebara de orden al alguacil para que vaya a detener al acusado y se le incauten todos sus bienes de manera preventiva.

A los pocos días Andrés Medrano estaba ya preso y con cepo. Se le toma declaración y lo niega todo: “no ató la dicha yndia ni la quemó ni le hizo mal ninguno e que ay quedó en el pueblo cuando este confesante prendieron”. Tras su contundente y exculpatorio testimonio, aparece en escena Pedro Martín Zembrano. Vecino de la ciudad y posiblemente amigo del acusado, se presenta como su fiador, ofrece garantías y pide que se le saque del cepo, pues no va a escapar; él se hará cargo como “carcelero comentariense” de que eso no ocurra y también de ponerle a disposición de la justicia cuando así sea demandado.

Vista dicha garantía, Medrano fue liberado del cepo, pero, pocos días después, sucedió algo que podía ser previsible: huye de la cárcel y desaparece. El alcalde mayor comunica a Pedro Martín Zambrano este hecho y le da tres días, para que, como fiador suyo, le traiga ante la justicia. Al mismo tiempo, emite su primera “carta de crédito”, pregonada en plaza pública para que el fugado regrese en un máximo de nueve días para continuar el proceso.

Pasado dicho periodo, ante su “rebeldía y contumaçia”, pues no se ha presentado y sigue huido, se escribe y pregona una segunda notificación dándole otros nueve días de plazo para presentarse. Eso sí, sus incautados bienes -una yegua y algún otro- iban a ser ya vendidos en almoneda pública para sufragar los costes del proceso. El animal fue rematado a “Juan Griego, marinero calafate como mayor pujador en veinte pesos de oro”.

El alcalde y teniente de gobernador dio un tercer plazo para que el rebelde fugado se presentara ante las autoridades, pero nada cambió. El proceso, pues, debía continuar en ausencia del acusado, quien con su huida y desaparición había dejado ya su credibilidad e inocencia sin ningún crédito.

Así, se llamó de nuevo a los principales testigos, varios indios, para que se ratificaran en sus testimonios, cosa que hicieron todos ellos.

Finalmente, el 25 de junio de 1541, se dictó sentencia:

Fallo que debo de condenar e condeno al dicho Andrés Medrano por aver cometido el dicho delito de aver quemado la india Soche de que murió, que le devo de condenar y condeno en que sea traydo cavalgando en una bestia, sacado de la cárcel pública desta çibdad e traydo que sea a ella, sea traydo por las calles públicas acostumbradas desta çibdad de León por voz de pregonero que manifieste su delito e sea llevado a la horca desta çibdad e della sea hahorcado e colgado hasta tanto que naturalmente muera…”

Por supuesto, dicha sentencia fue pregonada en ausencia del condenado. No sé qué fue del infame Andrés Medrano, si fue capturado y ahorcado pasado un tiempo o si mudó su identidad y continuó su vida en otras partes de las Indias donde no se le pudiera identificar como el vil asesino que era.

La Justicia en la América hispana trató siempre de atender y proteger a sus ciudadanos, fueran estos españoles, indios o mestizos. Todos podían acudir a ella y, los indios, lo hicieron en numerosas ocasiones, como demandantes y testigos. En este caso, los testimonios de varios de ellos y la huida precipitada del acusado, fueron definitivos para la sentencia dictada.

Una mujer india fue la víctima y tres indios fueron los principales testigos, declarando ante la justicia para que, finalmente, el fugado español fuera condenado a la horca.  

El mapa del «mar de España»

Mapa de autor desconocido. (AGI//MP-BUENOS_AIRES).

Seguramente no es el mejor mapa realizado sobre el Nuevo Mundo. Tampoco el más bello ni adornado, pero sí que resulta muy curioso y atractivo por los detalles que en él se recogen y la nomenclatura que su desconocido autor incluyó sobre algunos accidentes o espacios geográficos. Por todo ello, merece la pena detenerse en él, ampliarlo por partes para que lo aprecien mejor y contarles algunos de esos jugosos pormenores de este dibujo en el que se muestran la mayoría de los dominios españoles en América.

Debo decirles que me topé con él por casualidad, como suelen ocurrir estas cosas. Bueno, por azar en parte, ya que me hallaba consultando en el AGI/PARES mapas de esa misma época, pero de otras latitudes, concretamente del Caribe. Las sucesivas búsquedas, a la par que mi curiosidad, hicieron que abriera la imagen cuya descripción era: “Mapa y derroteros del Océano Atlántico y costas aledañas”.

Tal y como indica el AGI, por la letra y otros detalles, parece hecho en el siglo XVI y lleva una rúbrica no identificada. Además, el autor incluía al dorso esta humilde disculpa por su “mala mano” al realizarlo, ya que él no era un profesional del arte de pintar o reproducir mapas con exactitud o acierto, pero su boceto sí que podría ser útil para que en España se rehiciera de mejor manera:

«Perdone vuestra señoría la mala mano que házelo como nunca me enseñaron el oficio de pintor, pero allá se podría por esa traza hazer pintar bien a quien lo supiese hazer«

En el capítulo de detalles a tener en cuenta, uno sobresale por encima de todos los demás: el océano Atlántico es denominado “mar de España” en varias ocasiones, y no le falta razón al autor. Como apunta acertadamente Tomás Mazón, autor del recomendable «Elcano, viaje a la historia», dicha expresión era empleada por los marinos cuando echaban la sonda para medir la profundidad de las aguas que surcaban y no daban con el fondo.

Pero la interpretación que más me cuadra en este caso es otra, por la fecha más avanzada de realización del citado mapa y el conocimiento que ya se tenía de aquellas aguas. Las flotas de galeones surcan sus aguas desde España a América y viceversa transportando personas y bienes y, pese a los ataques de piratas y corsarios -sobre todo en el Caribe- el inmenso océano era, sin duda, ese “mar de España” que él refiere. Al igual que todos recordamos aquello del “lago español” para identificar al océano Pacífico, el dibujante ocasional refleja el pleno dominio del otro océano por España.

Para aproximarnos a una datación más concreta, lo mejor es prestar atención a los lugares (ciudades, cabos, ríos…) que figuran mencionados en el mapa. Sobre todo, en los de la parte más meridional, pues la expansión y asentamiento castellano en aquella zona fue posterior al de las Antillas, Centroamérica y norte de Sudamérica. La Florida y el resto de Norteamérica apenas están esbozadas.

Mirando, pues, hacia el sur del continente y fijándonos en las ciudades o pueblos marcados y las fechas de sus fundaciones por los españoles, nos encontramos con el estrecho de Magallanes (1520), Santiago (1541), Santiago del Estero (1553), Tucumán (1565), Buenos Aires (1580, la segunda fundación por Juan de Garay, ya que la anterior de 1536 por Mendoza tuvo una vida efímera) y Salta (1582).

Detalle Sudamérica.

Las fechas anteriores, en especial las dos últimas referidas a Buenos Aires y Salta, hacen pensar en que el mapa fue hecho, seguramente, en los últimos años del siglo XVI o primeros del siglo XVII.

Otra cuestión muy interesante son los cinco derroteros marcados y que surcan ese “mar de España”: «de Nombre de Dios a España», «de España a Nombre de Dios», «de España al Campo y al Paraguay», «derrota al Río de la Plata» y, «derrota al Estrecho de Magallanes». Incluso marca una sexta que no menciona, al sur de la isla de Tierra del Fuego, bordeando el cabo de Hoces o de Hornos.

El “Campo” citado aparece dibujado en casi todas las tierras de Brasil y hasta Uruguay, donde figura “guaranís”, indios habitantes de aquellas latitudes. La línea equinoccial aparece claramente señalada y no demasiado lejana a su ubicación real. Por su parte, la costa pacífica aparece apenas definida pues su objetivo es marcar las rutas, ríos, islas y cabos de las costas del océano Atlántico. Llama también la atención que siga denominando mar del Sur al que ya la expedición de Magallanes y Elcano nombró como océano Pacífico.

Lo más conocido es lo que realmente aparece peor dibujado, me refiero a la propia España y a Europa. No interesaban tanto unos perfiles perfectos o muy realistas de aquellas tierras y el dibujante aficionado -que ya tenía sus propias limitaciones para ilustrar con mayor acierto- no se esmeró demasiado en ello. Otro interesante detalle es que, en en nuestro país, sólo señala dos ciudades: Sevilla y La Coruña. La primera no extrañará a nadie, ya que fue el gran puerto de entrada y salida hacia las Indias; la segunda, fue sede la Casa de la Especiería de 1522 a 1529 y tuvo una relación especial con el Nuevo Mundo.

Perdón, en España hay tres lugares señalados, no dos. El nombre de Gibraltar puede leerse, dando paso al estrecho y al mar Mediterráneo.

Detalle «mar de España».

En fin, un mapa que no me dejó indiferente pese a sus lógicas inexactitudes y donde el océano Atlántico es el “mar de España”, pues España, con sus navíos y marinos valientes fue la que navegó, exploró y cartografió medio mundo en aquel siglo XVI.

Les dejo su referencia en AGI/PARES para que lo amplíen a su antojo y disfruten de mil y un detalles más. AGI//MP-BUENOS_AIRES,5

Feliz 2021