Por el Estrecho de Magallanes, 500 años después…

La ciudad chilena de Punta Arenas, cosmopolita y abierta, americana y europea, es el centro neurálgico del Estrecho de Magallanes. Fundada a mediados del siglo XIX, es además el campamento base de multitud de expediciones antárticas. De hecho, próximamente allí se ubicará el Centro Antártico Internacional, dado su enclave y puerto estratégico.

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Un servidor en Punta Arenas, ante Fernando de Magallanes.

En su plaza principal, una gran estatua de Fernando de Magallanes otea el horizonte en recuerdo de su gesta y la de poco más de 200 hombres que partieron desde San Lúcar de Barrameda en noviembre de 1519 con la misión de costear el sur del continente americano hasta dar con un acceso natural que les comunicara con el Mar del Sur para continuar travesía hacia el este, hacia las islas de las Especias.

A los pies del navegante portugués está la figura de un indio patagón, así llamado por Magallanes al ver su estatura y, sobre todo, sus grandes pies. Todo aquél que visita este lugar y quiere regresar debe tocar y besar el pie del indio… A tenor de cómo está el pie citado muchos seremos los que quizás volveremos por estas tierras… ¡Ojalá!

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Cumpliendo la tradición junto a mi hija…

Hallado dicho paso tras dos años de travesía plagados de penalidades, frío helador, hambre y motines entre los cinco barcos que componían la expedición, casi un mes les llevó atravesarlo desde el Atlántico hasta el Mar del Sur, denominado por Magallanes “Oceáno Pacífico” al encontrarlo en calma tras sufrir numerosas tormentas y vendavales infernales en su larga singladura anterior.

Sólo tres de los cinco navíos llegaron al Pacífico -uno había naufragado previamente y otro desertó- y continuaron viaje hasta llegar a las islas Filipinas primero –donde murió Magallanes a manos de los indios- y más tarde a las Molucas. Finalmente, casi tres años después de su partida, en septiembre de 1522, sólo 18 hombres al mando de Juan Sebastián El Cano pudieron regresar a España en la nao Victoria para dar cuenta de su hazaña.

Aquellos 18 hombres habían sido los primeros en circunnavegar la tierra al hallar el anhelado paso entre ambos océanos y regresar a España para dar cuenta de ello. Supervivientes casi milagrosos de mil peligros y penalidades, tres años después de su partida volvían débiles y enfermos pero cargados de especias y de mil aventuras que contar.

Prestos a conmemorar como se merece los 500 años del descubrimiento del Estrecho de Magallanes, he querido recordar brevemente su gesta pues he tenido la fortuna de viajar recientemente por aquellas lejanas tierras y de surcar las aguas del mítico Estrecho de Magallanes.

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Cruzando el Estrecho de Magallanes desde Tierra del Fuego.

Lo hice de norte a sur y viceversa –por dos lugares diferentes- desde la ciudad chilena de Punta Arenas hasta la isla grande de Tierra del Fuego, en concreto a Puerto Porvenir en la parte chilena de dicha isla mítica (actualmente el 52% pertenece a Chile y el 48% a Argentina).

En este inolvidable viaje me impresionó sobremanera rememorar su historia y tratar de imaginar sus temores, angustias, peligros, enfermedades, fríos, tempestades, hambre y dificultades de todo tipo que protagonizaron en sus carnes aquellos hombres intrépidos hace 500 años. Pese a haber estado allá durante el verano austral, los fríos vientos te acompañan siempre y la temperatura se eleva apenas unos cuantos grados sobre 0, lo que obligó a un servidor a hacerse con un gorro y guantes para tapar su cabeza, orejas y manos… Imagínense hace 500 años como sería la cosa para aquellos hombres.

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Telesilla del Club andino, en el cerro Mirador. Punta Arenas, el mar y al fondo la isla de Tierra del Fuego.

 

 

 

 

 

 

 

De Punta Arenas, aprovecho para recomendarles un paseo por la costanera, azotada siempre por una más que fresca brisa, patear sus calles principales y subir a dos miradores: el del cerro de la Cruz, en la propia ciudad y el del Club Andino, en el cerro Mirador donde en invierno se puede esquiar con vistas al mar. Tras tomar el telesilla y ascender hasta allí el panorama que se divisa es espectacular, con Punta Arenas abajo, el mar del Estrecho de Magallanes a continuación y al fondo la isla grande de Tierra del Fuego. Lógicamente, con la altura el viento se hace más presente pero la visión que uno tiene merece mucho la pena, pues además estás rodeado de bellos bosques de lengas, árbol aclimatado a dicho clima y latitudes extremas.

Si quieren comer bien pidan el cordero magallánico, muy presente en esta zona, y pescado, sobre todo pejerrey, merluza austral y congrio. Nada es barato en Punta Arenas y el extremo sur de Chile, su lejanía y riguroso clima hacen que casi todo tenga que traerse del resto del país, lo que sin duda encarece su precio (frutas, verduras,…) pero merece mucho la pena llegar hasta el fin del mundo…

En una próxima entrega les contaré lo que hallé en la isla grande de Tierra del Fuego

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