Cartas del Nuevo Mundo…

La historia e historias que tienen como protagonistas a los conquistadores, gobernadores, virreyes, órdenes religiosas, Audiencias, Cabildos,… en la América hispana se pueden seguir a través de los múltiples textos que fueron dejando de su paso por el Nuevo Mundo desde finales del siglo XVI hasta comienzos del siglo XIX.

Crónicas, diarios, actas de los escribanos, juicios de residencia, pleitos, relaciones de méritos, probanzas,… componen un fabuloso depósito que todavía hoy es estudiado y analizado dada la ingente cantidad de documentos disponibles, incluidos muchos de ellos todavía sin clasificar o descubrir.

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Una de dichas fuentes escritas, fundamentales para el estudio y análisis de aquella época, lo componen las múltiples cartas que se enviaban y recibían desde España, la correspondencia oficial entre los círculos de las élites políticas, sociales y religiosas, innumerable y repleta de información para entender las relaciones del poder y su desempeño en América para administrar y gobernar tan inmenso territorio por parte de los diversos agentes reales.

Si nos referimos a la Historia de la vida cotidiana, la de la gente corriente que vivía en América, la cuestión se complica bastante, ya que la correspondencia que se conserva o conocemos -con ser importante- es mucho menor que la anterior y presenta sus propias limitaciones: destrucción y dispersión de las cartas; la cultura popular era fundamentalmente oral en aquellos tiempos y aunque había amanuenses que escribían misivas por encargo, la mayoría de los que escriben son de la clase social y económica medio-alta; y, por último, no hay cartas de indígenas.

Pese a estas apreciaciones previas, la correspondencia privada de quienes vivían en América y habían dejado a sus mujeres y/o parte de sus familias en España es muy interesante para comprender mejor las dinámicas sociales de la vida en aquellos tiempos y circunstancias. En ella están presentes el amor, el dolor, la ironía del destino, las preocupaciones económicas, los conflictos políticos y sociales, las enfermedades y sus remedios, las relaciones conyugales, la religiosidad, etc.

Enrique Otte publicó en 1988 “Cartas privadas de emigrantes a Indias 1540-1616”, en la que rescataba del Archivo de Indias 650 cartas enviadas por españoles residentes en América a sus familiares en España. Muchas de ellas son conocidas también como “cartas de llamada”, ya que tenían como objetivo animar a sus familiares, en especial a las mujeres, a reunirse con ellos en el Nuevo Mundo, aunque también hay cartas entre particulares, de negocios, escritas a la madre, etc.

Sobre las más abundantes, las “cartas de llamada”, el emperador Carlos ya estipuló en su tiempo que los españoles casados y presentes en las Indias debían mandar a buscar a sus mujeres para que viajaran y se reunieran con ellos en las nuevas tierras. De lo contrario, deberían regresar a España. Con Felipe II, dicha instrucción se repite una y otra vez en sus misivas a virreyes y gobernadores, ya que se trataba de frenar la bigamia -muy frecuente en aquellos tiempos- y de que los españoles formaran hogares cristianos con su legítima mujer a los ojos de Dios en aquellas tierras, frenando el mal ejemplo de muchos que se amancebaban con indias u otras españolas teniendo su esposa en España.

Otra de las limitaciones de estas cartas es que ignoramos las que a buen seguro llegaban de respuesta desde España aunque lo hicieran con mucho retraso. De hecho, se aprecia en bastantes de ellas la angustia de no recibir noticias de los suyos en mucho tiempo una vez mandada su carta, con lo que vuelven a reescribirlas y enviarlas de nuevo… Las comunicaciones no eran fáciles ni rápidas en aquél tiempo, eso se lo aseguro.

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Varias constantes se aprecian en esta correspondencia: no hay cartas de fracasados aunque los hubiera, exagerándose la fertilidad de la tierra y la vida fácil que les espera en el Nuevo Mundo; también se resalta como contraste la vida mísera que se va a dejar en España y las posibilidades seguras de progreso social y económico en América; la honra es el modelo de ascenso social y está basada en el trabajo, recelándose del “pobre español”, un vago que no ha sabido aprovechar las oportunidades que brindan las Indias.

Además, en muchas de ellas, el remitente muestra preocupación por el viaje de su esposa o familiares, está muy presente el miedo al mar y sus peligros en la travesía, sugiriendo remedios para el mareo, sobre los mejores espacios a ocupar a bordo siempre limitados, la alimentación o bebida que debían llevar, etc. Dan consejos también sobre la necesaria e inevitable estancia en la peligrosa Sevilla, lugar de partida desde España.

La religiosidad de aquellos tiempos está también impregnada en los textos, así como cierta actitud despectiva o patriarcal sobre indios, negros y mestizos. Junto a las cartas, en muchas ocasiones se manda dinero para los pasajes y para dotar a las mujeres que han quedado en España (hijas). Se envía a través de paisanos, personas de confianza que se van a embarcar hacia España y son oriundas del mismo lugar o cerca de donde viven los familiares del remitente, pudiendo así entregárselas con mayor facilidad y fiabilidad. También se mandan oro, plata, joyas, tintes, papagayos, periquitos, etc.

Pero no sólo se mandan objetos de valor, exóticos y dinero a España, también se reclaman herramientas de trabajo –en América se prohibió producir hierro, que tenía que venir del País Vasco-; caprichos como turrón, sombreros, imágenes de la Virgen, medias,…; semillas; y asimismo, se reclaman documentos familiares.

El envío era inseguro y las misivas tardaban en llegar a su destino entre seis meses y varios años. Esto hacía que para asegurarse de que llegarían, las escribieran por duplicado o triplicado, mandándose por medio de varias personas de confianza en distintas fechas.

Como hemos visto, los casados con mujer en España escriben para que sus esposas se embarquen y se reúnan con ellos en América, tierra de oportunidades en la que prosperar y dejar atrás la miseria de Castilla. El objetivo es convencerla, así que se exageran bastante las bondades del Nuevo Mundo, en un claro ejercicio de propaganda. (¡Vente a Alemania, Pepe!).

Aunque es cierto que muchos castellanos prosperaron y mejoraron su vida en América de manera notable, no lo es menos que abundaron los vagabundos y pobres españoles que deambulaban sin oficio ni beneficio por aquellas tierras y que constituyeron un motivo de preocupación constante por parte de las autoridades.

Aunque en menor proporción que los casados, los solteros también escriben a sus familiares en España. Lo hacen sobre todo cuando son ya viejos, ricos y se ven enfermos, ante el deseo de compartir con sus lejanos parientes lo conseguido durante tantos años.

Aunque es difícil de calcular, se piensa hoy en día que en torno a un 2% del oro y la plata que venía de América lo constituían los “bienes de difuntos”, el patrimonio que dejaban los españoles que morían allí o en las travesías y que las arcas reales custodiaban y convertían en dinero para entregárselo a sus familiares en España. Hubo innumerables abusos sobre este tema y rara vez los familiares recibían una importante cuantía de la herencia de sus difuntos en las Indias, como mucho juros y promesas de pagos futuros…

También los solteros viejos expresan su deseo de regresar a España para vivir allí sus últimos días, aunque hay otros que renuncian expresamente a volver. El éxito o la riqueza obtenida en las Indias tienen mucho que ver en esto. Se supone que el castellano llegado a América debería haber triunfado y dejado atrás un pasado de penurias… Cuando esto no es del todo así, influye de manera importante para no regresar y evitar así mostrar la cruda realidad a sus familiares y vecinos.

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