De Jeromín a Don Juan de Austria…

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Colegiata de San Luis, siglo XVI. Foto del autor

Hace pocas fechas tuve el acierto de visitar el pequeño municipio vallisoletano de Villagarcía de Campos. Buscaba un cuadro presente en la colegiata de San Luis de esta localidad para ilustrar el anexo de mi trabajo final del Máster en Historia y Antropología de América.  No sólo hallé el lienzo, si no que descubrí los tesoros de la colegiata y conocí un capítulo muy interesante de la historia de España

De muchos es sabido que el emperador Carlos tuvo un hijo natural con la germana Bárbara Blömberg en torno a 1546 y que este, desde niño, fue conocido como Jeromín al adoptar el nombre de su padrastro, Jerónimo Píramo Kegell, con quien se casó su madre poco después de su nacimiento.

 

Desde muy pequeño, el niño Jeromín fue educado en España bajo la tutela de Don Luis de Quijada –mayordomo y hombre de confianza del emperador- por expreso deseo y encargo confidencial de Carlos V. Tras pasar algún tiempo en las cercanías de Leganés, se trasladó hasta Villagarcía de Campos donde Quijada tenía su castillo y donde sería criado por él y, sobre todo por su esposa Doña Magdalena de Ulloa.

Así pues, en este pequeño pueblo castellano que visité recientemente, el futuro Don Juan de Austria vivió unos años de su infancia bajo el cuidado del matrimonio citado y con especial cariño por parte de Doña Magdalena de Ulloa, a quien el posteriormente célebre capitán no dejó de escribir refiriéndose a ella como su “tía”.

Carlos V reconoció a este hijo ilegítimo como suyo en su testamento y le vio en sus últimos días de vida en Yuste. Le cambiaba además el nombre de Jeromín por Don Juan de Austria y daba instrucciones a su hijo Felipe acerca de aquél mozalbete, quien al ser hijo del emperador y su hermanastro, debía darle el tratamiento y la educación acordes a un personaje de su elevada condición, la de un miembro destacado de la familia real.

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Lienzo que representa el encuentro entre Felipe II y Jeromín. Siglo XX. (Foto del autor).

En septiembre de 1559, el ya rey Felipe II conoció al fin a su medio hermano cuando este contaba con doce años de edad. Este episodio tuvo lugar en una campa cercana a Villagarcía de Campos y al monasterio de la Espina y así es recordado en un cuadro contemporáneo pero no exento de belleza que se conserva en la colegiata de San Luis. En él se ve a Don Luis de Quijada, quien presenta al adolescente Jeromín al monarca en presencia del duque de Alba y con el monasterio de la Espina al fondo de la escena.

Además de este episodio que desconocía por completo, la visita a la Colegiata de San Luis fue muy enriquecedora. Este “pequeño Escorial de Tierra de Campos”, como también es conocido, encierra numerosos objetos y obras de arte muy interesantes y tuve la fortuna de visitarlo con la única compañía de su guía Teresa, quien me atendió con gran cordialidad.

Construida a finales del siglo XVI por encargo de Dª Magdalena de Ulloa, viuda entonces ya de Don Luis de Quijada, discípulos de Juan de Herrera e incluso él mismo diseñaron y construyeron este ejemplo de arquitectura de estilo renacentista herreriano, a imagen del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Aquí tuvo su sede uno de los más importantes noviciados de los jesuitas en los siglos XVII y XVIII y hasta sus jardines y estanque recuerdan en miniatura a los de su hermano mayor escurialense.

En su interior destacan el retablo mayor, cuyos seis cuerpos centrales son de alabastro, la cripta donde están enterrados el matrimonio fundador de Quijada y Ulloa, la sacristía de los capellanes, el retablo de la capilla del Noviciado de los jesuitas, el imponente Relicario que se conserva, objetos y materiales de la importante imprenta que allí existió, etc.

El célebre héroe de la batalla de Lepanto nunca olvidó su pasado ni sus años vividos en estas tierras en los que creció como Jeromín bajo el amparo y cuidados de Don Luis de Quijada y Doña Magdalena de Ulloa. Así, en la colegiata de San Luis se pueden ver algunos objetos que enviaba a su “tía” periódicamente, entre ellos varios recuerdos de la batalla de Lepanto en la que Don Juan de Austria alcanzó fama inmemorial.

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Arco de entrada a la villa medieval de Urueña. Foto del autor.

En estas tierras castellanas, hoy un tanto olvidadas pero rebosantes de Historia y Arte, Jeromín pasó a ser Don Juan de Austria

Si se animan a descubrir este lugar hagan una parada en Urueña, villa cercana amurallada que no les dejará indiferentes.

Es conocida también como la «villa del libro», pues pese a su reducido tamaño en ella se encuentran más de una decena de librerías, todo un récord en los tiempos que vivimos…

 

 

 

 

 

Nota: la visita a la Colegiata de San Luis es muy recomendable. Consulten antes por teléfono sus horarios, ya que en temporada otoñal/invernal las visitas son escasas. Yo tuve la suerte de ir un viernes por la tarde y de ser el único visitante en aquella tarde soleada de septiembre…

 

 

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