Don Luis de Velasco y Castilla (1538-1617), «el virrey de virreyes»

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De entre los más de sesenta virreyes que tuvo la Nueva España y los cuarenta que tuvo el Perú una figura emerge con luz propia: Don Luis de Velasco y Castilla (1538-1617), a quien yo he apodado, no sin motivos, “el virrey de virreyes”.

Durante los siglos XVI y XVII fue harto frecuente que el virrey de la Nueva España pasara luego al Perú a ejercer el mismo cargo en aquél inmenso territorio. La Corona buscaba así aprovechar la experiencia previa de su virrey en el gobierno y administración de los asuntos de Indias y premiarle con un segundo periodo en el Perú, virreinato más relevante y mejor remunerado fundamentalmente por la importancia de las minas del Potosí y otras para las arcas reales.

Sin embargo, aunque hubo bastantes ejemplos de este trasvase entre estos dos virreinatos americanos (Don Antonio de Mendoza, Don Martín Enríquez, el conde de la Coruña, el conde de Monterrey, el Marqués de Montesclaros,…), nadie repitió luego un tercer mandato como virrey en América, nadie excepto Don Luis de Velasco, quien fue virrey de la Nueva España (1590-1595), virrey del Perú (1596-1604) y, nuevamente, virrey de la Nueva España (1607-1611). Además, nuestro insigne protagonista terminó sus últimos años como Presidente del Consejo de Indias (1611-1617), cargo que ejerció hasta un mes antes de fallecer con ochenta años de edad tras una larga y trabajada vida al servicio de dos monarcas, Felipe II y Felipe III.

La impresionante trayectoria política de este “virrey de virreyes” llama poderosamente la atención así como el hecho de que no exista ninguna biografía sobre él, sólo trabajos y referencias parciales sobre alguna etapa o faceta concreta de su extensa vida. Estos dos hechos fueron fundamentales para animarme a investigar sobre su persona y aproximarme a su faceta de servidor público de la Corona, tratando de aportar algo de luz al porqué de su excepcionalidad que le llevó a perpetuarse en la administración y gobierno de las Indias durante tantos años.

¿Quién era Don Luis de Velasco y Castilla? ¿Cómo fueron sus primeros años de formación e inicio de su carrera política? ¿Cuáles fueron sus principales logros y méritos? ¿Cómo pudo generar tanta confianza en dos monarcas como Felipe II y Felipe III? Estas son algunas cuestiones a las que he intentado dar respuesta en mi trabajo final del Máster en Historia y Antropología de América de la Universidad Complutense de Madrid. Algo habré hecho bien, ya que ha sido calificado con un 9,5, de lo que me siento felizmente orgulloso.

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El reto ha sido enorme, ya que ha supuesto la consulta de cientos de documentos en diferentes archivos además de abundante bibliografía. He tenido acceso a una ínfima parte de los miles de legajos y documentos que sobre él se conservan en múltiples depósitos, por lo que mi TFM sólo puede apreciarse como un bosquejo o primera aproximación al personaje y su tan destacado desempeño político. Una investigación posterior, mucho más profunda, está pendiente de realizarse para sacar del olvido al “virrey de virreyes”

Sin embargo, algunas pistas o conclusiones les dejo para no alargarme en exceso:

  • Era un segundón de origen hidalgo, no de la nobleza. Su padre, capitán al servicio del emperador, fue virrey de Navarra y luego virrey de la Nueva España (1550-1564).
  • Estudió en Salamanca y viajó a Inglaterra y Flandes antes de partir a la Nueva España en 1560.
  • Ser hijo del virrey Luis de Velasco “el viejo” sin duda le ayudó en sus inicios, pero no explica su extensa y abrumadora trayectoria posterior.
  • Su larga etapa previa a ejercer su primer virreinato en la Nueva España fue muy importante para conocer bien la sociedad y realidad novohispana, participando además en hechos importantes de aquellos años, lo que le benefició ante la Corte.
  • Allí vivió más que en España, se casó, tuvo hijos y nietos, fue regidor del Cabildo de México más de veinte años, etc.
  • Trató de retirarse de la vida pública en varias ocasiones. Felipe III le concedió un descanso temporal de tres años para en 1607 reclamarle de nuevo como virrey de la Nueva España y en 1611 como su Presidente del Consejo de Indias.

En fin, toda apunta a que más allá de aciertos y errores en su gestión, la Corona confió siempre en la valía y experiencia de Don Luis de Velasco y Castilla a la hora de regir los asuntos de Indias. Al contrario que muchos paniaguados o nobles elegidos como virreyes por diferentes motivos muy alejados de sus méritos o idoneidad para dicho cargo, en este caso parece que estamos ante un gran especialista o profesional en la administración y gobierno de las posesiones americanas de la Monarquía Hispánica de aquél tiempo.

Felipe III no quería prescindir de sus preciados servicios  y así lo refleja una carta en la que le pide que acepte su tercer virreinato, el segundo en la Nueva España, en 1607, pese a sus achaques y su retiro voluntario desde 1604…

“… por la mucha satifaccion que tengo de vuestra prudencia, christiandad y entereza, y la platica y larga experiencia que teneys de las cosas de essas Provincias… he acordado de encargaros el de la dicha Nueva España… advirtiéndoos que me tendré por muy servido, en que os animeys y accepteys el dcho cargo; anteponiendo a este nuevo cuidado y trabajo, el amor y buen zelo con que siempre os aveis ocupado en mi servicio…” (25-2-1617).

El marquesado de Salinas de Pisuerga (1609) y el condado de Santiago de Calimaya para su yerno e hija en 1616 –primer título concedido a un criollo- no pueden verse más que como el reconocimiento del monarca Felipe III a quien tan fielmente había servido a su padre, Felipe II, y a él mismo, durante tantos años.

Continuará…

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