Don Alvar Nuñez Cabeza de Vaca, «El Renacido»

Hablar de Alvar Núñez Cabeza de Vaca es hacerlo de AVENTURA Y SUPERVIVENCIA, así con mayúsculas, infinitamente mayores que las vividas por aquél trampero y explorador que magistralmente interpretó en el cine Leonardo Di Caprio en “El Renacido” hace no tanto y que estremecieron a millones de espectadores… Si éste encarnaba a un personaje del primer tercio del siglo XIX en Norteamérica, el nuestro, Alvar Núñez Cabeza de Vaca fue un tipo real, de carne y hueso, un castellano de su tiempo que vivió infinitas peripecias, sobrevivió a base de ingenio y fortuna, fue cautivo de los indios -se convirtió en su médico primero y mercader más tarde- y recorrió buena parte de Norteamérica en el primer tercio del siglo XVI para llegar a Méjico ocho años después de su llegada a la Florida… ¿Qué les parece? Ah! Se me olvidaba algo sumamente importante… dejó testimonio escrito de todo ello.

Cabeza de Vaca fue uno de los 600 castellanos que partieron el 17 de junio de 1527 de San Lúcar de Barrameda al mando del infortunado Pánfilo de Narváez con el objetivo de conquistar y poblar la Florida. Muy pronto todo se fue torciendo al llegar a tierras americanas: deserciones, tormentas y naufragios, dispersión de los españoles en terreno hostil, bajas por enfermedad o por las flechas de semínolas y sioux, pérdida o inutilidad de los caballos en terrenos pantanosos,… Llegados a la desembocadura del Mississipi, el bravo y caudaloso río se tragó a muchos españoles, entre ellos al gobernador Narváez y los pocos supervivientes se dispersan y sobreviven como pueden “…de ochenta hombres que de ambas partes allí llegamos, quedaron vivos sólo quince”.

Prisioneros de los indígenas y muy debilitados, Cabeza de Vaca nos narra sus costumbres y hábitos de vida además de un hecho extraordinario “…En aquella isla que he contado nos quisieron hacer físicos sin examinarnos ni pedirnos los títulos, porque ellos curan las enfermedades soplando al enfermo, y con aquél soplo y las manos echan de él la enfermedad, y mandáronnos que hiciésemos lo mismo y sirviésemos en algo”.

Llama la atención la sorpresa del castellano ante su nuevo papel de médicos o curanderos que los indígenas les obligan a desempeñar y, lo más sorprendente, cómo lo pusieron en práctica… “La manera con que nosotros curamos era santiguándonos y soplarlos, y rezar un Pater noster y un Ave María, y rogar lo mejor que podíamos a Dios Nuestro Señor que les diese salud, y espirase en ellos que nos hiciesen algún buen tratamiento. Quiso Dios Nuestro Señor y su misericordia que todos aquellos por quien suplicamos, luego que los santiguamos decían a los otros que estaban sanos y buenos; y por este respecto nos hacían buen tratamiento, y dejaban ellos de comer por dárnoslo a nosotros, y nos daban cueros y otras cosillas”.

Fuera providencia divina o más bien la propia sugestión y creencia de los indígenas en los poderes de aquellos blancos barbados, lo cierto es que así salieron del paso y esto les permitió a los españoles cautivos seguir su camino por tierra firme, vagando en búsqueda de refugio o de otros castellanos que les socorrieran.

Cabeza de Vaca, enfermo, tuvo que quedarse él solo con los indios de la isla del Mal Hado un año más, sometido a duros trabajos y condiciones hasta que pudo escapar a tierra firme y hacerse mercader entre los indios de la costa y los de tierra adentro “… lo principal de mi trato era pedazos de caracoles de la mar y corazones de ellos y conchas, con que ellos cortan una fruta que es como frijoles, con que se curan y hacen sus bailes y fiestas, y ésta es la cosa de mayor precio que entre ellos hay, y cuentas de la mar y otras cosas. Así, esto era lo que yo llevaba la tierra adentro, y en cambio y trueco de ello traía cueros y almagra, con que ellos se untan y tiñen las caras y cabellos, pedernales para puntas de flechas, engrudo y cañas duras para hacerlas, y unas borlas que se hacen de pelo de venados, que las tiñen y paran coloradas; y este oficio me estaba a mí bien, porque andando en él tenía libertad para ir donde quería y no era obligado a cosa alguna, y no era esclavo, y donde quiera que iba me hacían buen tratamiento y me daban de comer por respeto de mis mercaderías…”.

ruta

Ruta aproximada seguida por Cabeza de Vaca

Nuevamente, el ingenio de nuestro protagonista le salva de un destino muy incierto “… Fueron casi seis años el tiempo que yo estuve en esta tierra solo entre ellos y desnudo, como todos andaban”. ¡Todo un buscavidas este Alvar Núñez Cabeza de Vaca! Luego, encontrándose con otros tres supervivientes, Dorantes, Maldonado y el negro Estebanico, iniciaron un periplo que les hizo recorrer cientos de leguas por Luisiana, Texas, Arizona y Nuevo Méjico ejerciendo de curanderos entre los indígenas y alcanzando fama entre ellos. Finalmente, ocho años y mil aventuras después, contactaron con una partida de españoles en el norte de Méjico y su regreso a la capital del virreinato se celebró como un milagro, con “fiesta y juego de cañas y toros”.

Alvar Núñez Cabeza de Vaca, alguacil mayor y tesorero real al inicio de la expedición de Pánfilo de Narváez, fue explorador, soldado, curandero, mercader, etnólogo… y, ante todo, un superviviente en territorio desconocido, conviviendo ocho años con las tribus indígenas del actual Estados Unidos y agudizando el ingenio para salvar el pellejo.

Su vida siguió, volvió a España y más tarde regresó a América como gobernador del Río de la Plata, siendo el primer europeo en divisar las impresionantes cataratas de Iguazú”… E yendo por el dicho río de Iguazú abajo era la corriente de él tan grande, que corrían las canoas por él con mucha furia; y esto causólo que muy cerca de donde se embarcó da el río un salto por unas peñas abajo muy altas, y da el agua en lo bajo de la tierra tan grande golpe, que de muy lejos se oye; y la espuma del agua, como cae con tanta fuerza, sube en alto dos lanzas y más, por manera que fue necesario salir de las canoas y sacallas del agua y llevarlas por tierra hasta pasar el salto, y a fuerza de brazos las llevaron más de media legua, en que se pasaron muy grandes trabajos; salvado aquel mal paso, volvieron a meter en el agua las dichas canoas y proseguir su viaje, y fueron por el dicho río abajo hasta que llegaron al río del Paraná…”.

Hoy, como tantos otros, yace en el olvido… Pero siempre puede uno leer su propia narración de la gesta que protagonizó, la de un hombre que volvió a nacer varias veces, un verdadero “renacido”.

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