El Cabildo de México contra los excesos de los curas

curas

El tercer Concilio de la Nueva España tuvo lugar en México durante casi todo el año 1585. La evangelización de los indios, una mejor organización y distribución de los clérigos y, sobre todo, la urgencia de reformar la disciplina clerical, terminando con los abusos de algunos ministros de la Iglesia, además de modificar en parte el comportamiento de los feligreses fueron los temas estrella de aquellas sesiones.

Estaba claro a ojos de casi todos que no todo el clero enviado a la Nueva España era “trigo limpio” y que sus prácticas no demasiado ortodoxas o directamente abusivas y explotadoras de los indígenas eran el pan nuestro de cada día, nunca mejor dicho…

Inmerso en un trabajo de investigación del que les hablaré seguro más adelante, me he topado en el libro de Actas del Cabildo de la Ciudad de México del siglo XVI con una relación muy interesante sobre el contenido anunciado en mis dos párrafos anteriores.

El 31 de mayo de 1585, con el Concilio ya reunido desde el mes de febrero, el Cabildo se pronuncia de la siguiente y contundente manera…

  • Petición del Ayuntamiento al Tercer Concilio Mexicano para que se ponga coto a los excesos de que son objeto los indios en manos de algunos curas, pidiendo a Su Majestad autorice a los Obispos para que los puedan remover de sus cargos, ya que no son perpetuos, sin tener que acudir para esto a las autoridades civiles.
  • Idem para que los Obispos investiguen en sus diócesis si los curas de los pueblos de indios están realmente preparados para dicho puesto, y en caso de no estarlo sean sustituidos por aquellos que conozcan las lenguas indígenas y tengan los méritos morales suficientes.
  • Idem para que los curas no tengan propiedades territoriales ni ganado a 10 leguas a la redonda de sus curatos, ya que generalmente usan del trabajo de los indios para sus servicios, sin paga alguna.
  • Idem para que los curas eviten mandar tamemes (cargadores) fuera de su jurisdicción ya que estos en ocasiones mueren por las extremas cargas, y además, porque no se les paga ni siquiera la alimentación para el camino.
  • Idem para que se prohíba a los curas recibir de los indios presentes y besa-manos en las visitas que hacen; pues tienen suficiente con las obvenciones y ofrendas ordinarias.
  • Idem para que se ordene a los curas que cualquier fiesta de santo o pascua la hagan sólo en un pueblo y no en todas sus visitas, como lo sueles hacer, ya que siempre son pagadas por los indios.
  • Idem para que se prohíba a los curas el vender artículos a los indios, ya que generalmente los obligan a comprarles y les venden dos o tres veces más caro.
  • Idem para que bajo ningún pretexto, en los pueblos donde haya frailes, se permita a estos tener propiedades a 10 leguas a la redonda, por las vejaciones y excesos de que son objeto los indios en el trabajo de las mismas.

¿Cómo se han quedado? No les debe extrañar demasiado, aunque el hecho de que fuera el Cabildo, formado en aquél entonces por algunos de los personajes más influyentes del México virreinal, en buena parte hijos o familiares de aquellos primeros conquistadores, tiene su punto de interés para un servidor.

Las autoridades eclesiásticas eran muy conscientes de aquella situación y de la “relajación de costumbres” de muchos de los religiosos esparcidos por aquél inmenso territorio. Trataron de formar sacerdotes verdaderamente limpios y alejados de las malas prácticas aunque el mismísimo rey Felipe II en sus instrucciones al virrey Luis de Velasco y Castilla insistía en 1595 en el buen trato que se debía dar a los naturales, pagándoles justamente por sus trabajos, impidiendo cualquier abuso por parte de los españoles e incidiendo en evitar toda explotación por parte de los curas…

“… dichos indios reciben muchos agravios de los religiosos y clérigos que los adoctrinan, y particularmente en que los prenden y castigan por cualquier caso liviano, y algunas veces porque no acuden a sus granjerías y servicios personales como ellos querrían. Y como quiera que esto les está prohibido pero no se cumple como debía, os mando no permitáis ni deis lugar a que los curas, clérigos ni frailes a cuyo cargo fuere la doctrina tengan cárceles, alguaciles, ni fiscales, ni hagan cosa que sea en perjuicio de dichos indios”.

“También ordenaréis que los curas no lleven cama, comidas, yerba, leña, ni otra cosa semejante de los indios, sino solamente el salario que les estuviere tasado y señalado”.

En fin, de todo hubo entre aquellos religiosos: Montesinos, de Las Casas, Motolinia… y también auténticos depredadores que se aprovechaban de aquellos a quienes iban a evangelizar en el nombre de un Dios justo y defensor de los pobres entre los pobres, un Dios a quien no dejaban en buen lugar precisamente…

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