Y los indios empezaron a pleitear…

Hoy escribo sobre un hecho, si no olvidado sí bastante desconocido para los no versados sobre la colonización de América por parte de los españoles, entre los que por supuesto me incluyo. El máster que estoy realizando en la Universidad Complutense me está abriendo múltiples vías de investigación al descubrir aspectos de aquellos tiempos en los que España dominaba gran parte del continente americano. Uno de ellos que me ha llamado la atención es el del papel de la Justicia colonial ó de cómo funcionaba la Justicia española en aquellas tierras, pobladas en su inmensa mayoría por indios que, aunque algunos no lo puedan creer, muy pronto tuvieron un papel muy activo en materia judicial…

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El virrey Francisco de Toledo

Partimos, claro está, de un sistema en el que los castellanos eran los colonizadores y, por tanto, la clase dominante, y los indios eran los colonizados o la clase dominada, pero no hay que olvidar que estos últimos también eran súbditos de la Corona desde muy temprano y podían, por tanto, ejercer sus derechos. Sabemos hoy que ya en 1550 los pleitos y reclamaciones judiciales por parte de los indios se amontonaban ante la Audiencia de Lima, sobre todo los relativos a tres aspectos: la propiedad de la tierra, los tributos y la mano de obra. Este último factor se incrementó todavía más ante la introducción de la mita por el virrey Toledo en la década de 1570 que obligaba a reclutar a un número de indios de cada comunidad para trabajar en las minas y obrajes.

Los indios utilizaron numerosas tácticas para frenar su explotación por parte de los españoles, apelando para ello ante la justicia y encontrándose con apoyos importantes entre los colonizadores. Así, los propios encomenderos no querían ceder parte de la fuerza de trabajo a otras regiones lejanas de sus territorios y apoyaban a sus indios en sus reivindicaciones, pero no eran sólo estos ya que los kurakas y los clérigos locales también les ayudaban por su propio interés. Era, en definitiva, una pugna entre el poder local -encomenderos, corregidores, clérigos y kurakas- y el poder de fuera -las minas, los nuevos terratenientes y empresarios y, en definitiva, la Corona-.

Existía también la figura del “protector de indios”, quien gozaba de influencia social y que era susceptible de ser sobornado o incentivado en su defensa agresiva de los indígenas. Lo que quedaba bien claro desde el principio es que si los burócratas castellanos eran corrompibles por los clientes españoles, también lo podían ser por los indios, cosa que éstos aprendieron muy pronto…

Uno de los instrumentos más utilizado por los indios para frenar su aportación de tributos y mano de obra a las mitas fue la revisita. La solicitaban alegando un descenso demográfico de su comunidad y, por tanto, que debía revisarse el número de trabajadores que podían ser enviados a las minas lejanas. Utilizaban todos los medios a su alcance para demostrar esa disminución de su población: dar por muertos a algunos, enfermos a otros, esconder o hacer huir a otros… con la complicidad de curas y médicos españoles que certificaban las supuestas muertes o enfermedades a cambio de ciertos beneficios para ellos, claro. A veces conseguían sus objetivos y, en otros casos, dilataban los procesos judiciales, ganando tiempo y entorpeciendo la maquinaria explotadora colonial.

Las quejas de los españoles afectados se sucedían en el Perú ante las revisitas, como muestra este ejemplo que transcribo tal cual fue escrita… “otra inspección acarrearía la total rruina del dcho rreparicimiento porque dhos caciques por escusar la paga de los tributos y el acudir a las mitas de guancauelica ahuyentaran a los indios y los mandaran se oculten y los darán por muertos y huidos como lo tienen por costumbre…”.

Estas prácticas se intentaron frenar por parte de la maquinaria colonial con un mayor control de las poblaciones indígenas y con la acción de algunos magistrados que se mostraban más firmes y exigentes a la hora de dar credibilidad a los testimonios que provenían de los indios que a los de los españoles. Sin embargo, pese a las dificultades de dicho sistema asimétrico y la posición de debilidad económica y social de los indios frente a los castellanos, éstos consiguieron importantes victorias gracias a la corrupción que se filtraba en todos los órdenes de la vida colonial, incluido el jurídico, y la confluencia de intereses con otros actores.

Analizando los datos en Huamanga, Perú, en el periodo 1570-1640 se observa claramente como se produjo una importante reducción del tributo y de la mita por parte de los indígenas, no siendo consecuencia directa del descenso demográfico, ya que aunque lo hubo por causa de epidemias, no se correspondía con el mucho mayor descenso de tributos y de mita.

Debe destacarse también que aunque la estrategia jurídica de los indios en el Perú infligió dificultades importantes a los colonizadores españoles, también dividió e individualizó a la propia sociedad andina. Las peleas o pleitos territoriales más persistentes se disputaban entre comunidades, ayllus y grupos étnicos indios, quienes acudían a la justicia colonial española para dirimir sus diferencias y proteger sus intereses locales. De alguna manera, los indios quedaban vinculados de una manera más efectiva al dominio español al reconocer y utilizar la Justicia del colonizador como órgano supremo para saldar sus disputas.

En definitiva, cada ayllu o comunidad indígena andina miró por lo suyo y aprendió desde muy pronto a utilizar los instrumentos y debilidades que el sistema judicial español en el Nuevo Mundo ponía a su alcance. Mentiras, delaciones, alianzas, sobornos… toda una amalgama de tácticas fueron por ellos utilizadas para conseguir sus objetivos inmediatos de frenar o aliviar su explotación por parte de los castellanos. Para ello encontraron, aunque parezca contradictorio, cómplices y aliados entre la propia sociedad española del Nuevo Mundo, a los que les unían intereses y con los que se entendían para su mutuo provecho.

Sugiero la lectura del libro “Los pueblos indígenas del Perú y el desafío de la conquista española. Huamanga hasta 1640”, de Steve J. Stern. En él me he apoyado para escribir este texto.

 

1 comentario en “Y los indios empezaron a pleitear…

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